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domingo, 2 de junio de 2013

Las grandes ciudades modifican el clima de regiones situadas a miles de kilómetros

El calor residual que generan las urbes modifica los sistemas atmosféricos y calienta áreas remotas, revela un estudio


Científicos de varios centros de investigación de Estados Unidos han descubierto que el calor residual que producen las grandes ciudades del mundo –derivado de calefacciones y vehículos, entre otras fuentes- modifica los sistemas atmosféricos y, en consecuencia, calienta áreas situadas a más de 1.000 kilómetros de distancia de las urbes. Los investigadores señalan que este hecho debería ser contemplado en los modelos climáticos para aumentar la exactitud de sus proyecciones.





Las grandes ciudades están condicionando el clima de zonas situadas a más de 1.000 kilómetros de distancia de ellas, revela un estudio reciente del que se ha hecho eco la University Corporation for Atmospheric Research (UCAR) de Estados Unidos, en un comunicado

La investigación muestra hasta qué punto las actividades humanas están influyendo en la atmósfera, y concluye que el calor generado por las actividades diarias en las áreas metropolitanas está modificando el carácter de la corriente en chorro y otros sistemas atmosféricos importantes. 

Esta alteración afectaría a las temperaturas de lugares remotos, concluyen los autores de el estudio cuyos resultados han aparecido publicados en la revista Nature Climate Change

El calentamiento remoto en grados 

El "calor residual" extra generado por edificios, automóviles y otras fuentes en las principales zonas urbanas del hemisferio norte está provocando el calentamiento durante el invierno de grandes zonas del norte de América del Norte y del norte de Asia. 

Al mismo tiempo, los cambios en la circulación atmosférica causados por este calor residual calientan las áreas frías de Europa también 1ºC, señalan los datos arrojados por el estudio, que fue realizado por científicos de la Scripps Institution of Oceanography, de la Universidad de California en San Diego, de la Universidad Estatal de Florida, y del National Center for Atmospheric Research de Estados Unidos. 

La investigación ha constatado asimismo que, aunque el efecto neto de las grandes ciudades en la temperatura media global sería casi insignificante (con un aumento promedio mundial de sólo 0,01ºC dado que el total de producción de calor residual por parte de los humanos constituye sólo un 0,3% del calor transportado por la circulación atmosférica y oceánica a través de las latitudes más altas) este notable impacto en las temperaturas regionales podría explicar por qué algunas zonas del planeta están experimentando un mayor calentamiento durante el invierno de lo proyectado por los modelos climáticos informáticos. 

Por eso, los científicos sugieren que estos modelos deberían ajustarse para tener en cuenta la influencia del calor residual. "La quema de combustibles fósiles no sólo provoca la emisión de gases de efecto invernadero, sino que también afecta directamente a la temperatura debido al calor que se escapa de fuentes como los edificios y los coches", afirma el científico del NCAR, Aixue Hu, co-autor del estudio. 

"Si bien gran parte de este calor residual se concentra en las grandes ciudades, puede cambiar los patrones atmosféricos aumentando o disminuyendo la temperatura a través de distancias considerables", continúa Hu.


Trastornos en la circulación atmosférica 

Los investigadores puntualizan que el efecto del calor residual difiere del efecto llamado “isla de calor”, que se da en las ciudades por la acumulación de calor por la inmensa mole de hormigón y demás materiales absorbentes de energía presentes en las urbes. 

El calor residual de las ciudades, en cambio, es generado por los medios de transporte, y las unidades de calefacción y de refrigeración, así como por otras actividades. 

Hu y sus colaboradores, Guang Zhang y Ming Cai, analizaron concretamente el consumo de energía –de calefacciones y vehículos propulsados- que genera la liberación de calor residual. Constataron que el consumo mundial total de energía en 2006 fue equivalente a una tasa de uso de 16 teravatios o TW (1 teravatio es el equivalente a un trillón de vatios). De ese total, un promedio de 6,7 TW fue consumido en 86 áreas metropolitanas del hemisferio norte. 

Utilizando un modelo informático de la atmósfera, los autores descubrieron que la influencia de este calor residual puede ampliar la corriente en chorro. "Lo que encontramos es que el uso colectivo de energía, en múltiples zonas urbanas, puede calentar la atmósfera desde lejos, afectando a zonas distanciadas por miles de kilómetros de las fuentes principales de consumo ", dice Zhang. "Esto es posible gracias a los cambios en la circulación atmosférica", añade el investigador. 

La liberación de calor residual es diferente de la energía que se distribuye naturalmente en la atmósfera, según los científicos. La mayor fuente de calor, la energía solar, calienta la superficie de la Tierra y redistribuye las circulaciones atmosféricas de una región a otra. El consumo humano de energía, por su parte, distribuye energía que había permanecido en estado latente y secuestrada durante millones de años, principalmente en forma de petróleo o carbón. 

Aunque la cantidad de energía generada por el ser humano constituye solo una pequeña parte de la transportada por la naturaleza, está altamente concentrada en áreas urbanas. En el hemisferio norte, muchas de estas áreas se encuentran directamente bajo grandes depresiones atmosféricas y corrientes en chorro. 

"Las regiones metropolitanas más pobladas del mundo, con un consumo de energía intensivo, se encuentran a lo largo de las costas este y oeste de América del Norte y Eurasia, bajo los canales de circulación más importantes de la atmósfera", afirma Cai. "La liberación de esta energía residual concentrada provoca trastornos en los sistemas de circulación atmosférica normales, dando lugar a cambios en la temperatura superficial en regiones muy alejadas del origen de ese calor residual”, concluye el científico.

Referencia bibliográfica: 

Guang J. Zhang, Ming Cai, Aixue Hu. Energy consumption and the unexplained winter warming over northern Asia and North AmericaNature Climate Change (2013). DOI: 10.1038/nclimate1803.

jueves, 5 de agosto de 2010

La FAO y la silvicultura (bosques "cultivados")

08-12-2008

Los países en desarrollo necesitan incentivos
Las granjas y los bosques contra el cambio climático

FAO


El problema del calentamiento global debido a los gases de efecto invernadero exige una mayor implicación de la agricultura y las comunidades campesinas en la reducción de estos gases, así como de la silvicultura y las personas que viven de los bosques, según informó hoy la FAO.

"La agricultura y la deforestación contribuyen de forma importante al cambio climático, pero al mismo tiempo los campesinos y los usuarios de los bosques pueden convertirse en figuras clave a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero", señaló Alexander Müller, Director General Adjunto de la FAO.

Beneficios para todos

"Liberar el potencial de la agricultura y la silvicultura para mitigar el cambio climático requiere mecanismos de financiación orientados a los campesinos y silvicultores en todo el mundo, particularmente pequeños agricultores en los países en desarrollo", añadió. "Estos mecanismos deberían dar prioridad a medidas para reducir las emisiones que beneficien también a la seguridad alimentaria y energética, la reducción de la pobreza y el uso sostenible de los recursos naturales. La silvicultura y la agricultura ofrecen muchas oportunidades para estas medidas que conllevan beneficios para todos", aseguró Müller.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la silvicultura y la agricultura contribuyen actualmente en cerca de un 30 por ciento del total anual de emisiones (deforestación y degradación de los bosques 17,4 por ciento, agricultura 13,5 por ciento). La agricultura es responsable del 50 por ciento de las emisiones de metano (ganadería y cultivo del arroz) y más del 75 por ciento del óxido nitroso (en su mayor parte a causa de la aplicación de fertilizantes) emitidos anualmente por la actividad humana.

"El cambio climático afectará a las vidas y los medios de subsistencia de los campesinos, pescadores y usuarios del bosque en los países en desarrollo, muchos de los cuales se enfrentan ya a dificultades para obtener ingresos suficientes para alimentar a sus familias", dijo Müller.

Riesgo creciente

Las comunidades rurales, en particular las que viven en áreas que ya son frágiles a nivel medioambiental, se enfrentan a un riesgo inmediato y creciente de malas cosechas, pérdida de ganado y disponibilidad reducida de productos marinos, acuícolas y forestales. Los seres humanos, las plantas, el ganado y los peces se enfrentarán a nuevas plagas y enfermedades.

"El cambio climático -concluyó Müller- tiene el potencial de incrementar el hambre, en particular en los países más pobres. Tenemos que actuar ahora si queremos evitar un desastre humanitario".

El cuarenta por ciento de la biomasa terrestre está gestionada directa o indirectamente por campesinos, ganaderos o silvicultores. Según Müller, "la comunidad internacional solo podrá ganar la batalla global contra el cambio climático si conseguimos movilizar el potencial de estos usuarios de la tierra para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para retener carbono en el suelo y las plantas. Tenemos que adaptarnos a cambios climáticos que son más rápidos e intensos que en el pasado".

Utilizando variedades agrícolas más eficaces, un mejor control de los incendios forestales, una mejor gestión de los recursos naturales, la retención del biogás a partir del estiércol animal, la recuperación de la tierra a través del pastoreo controlado, la gestión orgánica de la tierra, la agricultura de conservación y los sistemas agroforestales, son medidas prometedoras que deberían de ser promovidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero desde la agricultura y la silvicultura, y mejorar así la adaptación al cambio climático.

La FAO apoya a los países de las islas del Pacífico para integrar las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático en los planes nacionales de gestión agrícola, pesquera y forestal, así como en los de seguridad alimentaria. En Marruecos, al igual que en otros países en desarrollo, la FAO ayuda a evaluar el impacto del cambio climático en la agricultura y la seguridad alimentaria. En Bangladesh y en Nepal, la FAO mejora la capacidad nacional y local en agricultura, ganadería y pesca para reducir el riesgo de calamidades y apoyar la gestión de riesgos climáticos y la adaptación al cambio climático, lo que incluye unir el apoyo sectorial a la acción de las comunidades.




 

Para más información: www.fao.org

 

Germán Rojas, jefe Oficina de Información de la FAO para España y Andorra, tel.: +34 91 3471717, móvil: 671 649955, e-mail: german.rojas@fao.org

Cristina Miguel, Oficina de Información de la FAO para España y Andorra, tel.: +34 91 3473553, e-mail: cristina.miguel@fao.org



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Centro Ecologista Renacer

martes, 20 de noviembre de 2007

Cambio Climático: ¿Qué es lo que pasa?

La temperatura media de la superficie terrestre ha subido más de 0,6oC desde los últimos años del siglo XIX. Se prevé que aumente de nuevo entre 1,4oC y 5,8oC para el año 2100, lo que representa un cambio rápido y profundo. Aun cuando el aumento real sea el mínimo previsto, será mayor que en cualquier siglo de los últimos 10.000 años.

La razón principal de la subida de la temperatura es un proceso de industrialización iniciado hace siglo y medio y, en particular, la combustión de cantidades cada vez mayores de petróleo, gasolina y carbón, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola.

Estas actividades han aumentado el volumen de "gases de efecto invernadero" en la atmósfera, sobre todo de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Estos gases se producen naturalmente y son fundamentales para la vida en la Tierra; impiden que parte del calor solar regrese al espacio, y sin ellos el mundo sería un lugar frío y yermo. Pero cuando el volumen de estos gases es considerable y crece sin descanso, provocan unas temperaturas artificialmente elevadas y modifican el clima. El decenio de 1990 parece haber sido el más cálido del último milenio, y 1998 el año más caluroso.

El cambio climático puede tener consecuencias nefastas: nos lo podrían confirmar los dinosaurios, si no se hubieran extinguido. La teoría dominante es que no sobrevivieron cuando un meteorito gigante se estrelló contra la Tierra hace 65 millones de años, levantando tal cantidad de polvo en la atmósfera que la luz solar se vio fuertemente reducida, las temperaturas bajaron precipitadamente, muchas plantas no pudieron crecer y la cadena alimentaria se desintegró.

Lo que ocurrió a los dinosaurios es un claro ejemplo de cambio climático más rápido que el que el ser humano está ahora infligiéndose a sí mismo... pero no el único. Las investigaciones sobre los núcleos de hielo y los sedimentos lacustres revelan que el sistema climático ha sufrido otras fluctuaciones abruptas en el pasado lejano: parece que el clima ha tenido "puntos de inflexión" capaces de generar fuertes sacudidas y recuperaciones. Aunque los científicos están todavía analizando lo que ocurrió durante esos acontecimientos del pasado, es claro que un mundo sobrecargado con 6.300 millones de personas es un lugar arriesgado para realizar experimentos incontrolados con el clima.

Según las previsiones, la actual tendencia hacia el calentamiento provocará algunas extinciones. Numerosas especies vegetales y animales, debilitadas ya por la contaminación y la pérdida de hábitat, no sobrevivirán los próximos 100 años. El ser humano, aunque no se ve amenazado de esta manera, se encontrará probablemente con dificultades cada vez mayores. Los graves episodios recientes de tormentas, inundaciones y sequías, por ejemplo, parecen demostrar que los modelos informáticos que predicen "episodios climáticos extremos" más frecuentes están en lo cierto.

El nivel del mar subió por término medio entre 10 y 20 centímetros durante el siglo XX, y para el año 2100 se prevé una subida adicional de 9 a 88 cm (la subida de las temperaturas hace que el volumen del océano se expanda, y la fusión de los glaciares y casquetes polares aumenta el volumen de agua). Si se llega al extremo superior de esa escala, el mar podría invadir los litorales fuertemente poblados de países como Bangladesh, provocar la desaparición total de algunas naciones (como el Estado insular de las Maldivas), contaminar las reservas de agua dulce de miles de millones de personas y provocar migraciones en masa.

Según las previsiones, los rendimientos agrícolas disminuirán en la mayor parte de las regiones tropicales y subtropicales, pero también en las zonas templadas si la subida de la temperatura es de más de unos grados. Se prevé también un proceso de desertificación de zonas continentales interiores, por ejemplo el Asia central, el Sahel africano y las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. Estos cambios podrían provocar, como mínimo, perturbaciones en el aprovechamiento de la tierra y el suministro de alimentos. La zona de distribución de enfermedades como el paludismo podría ampliarse.

El calentamiento atmosférico es un problema "moderno": es complicado, afecta a todo el mundo y se entremezcla con cuestiones difíciles como la pobreza, el desarrollo económico y el crecimiento demográfico. No será fácil resolverlo. Ignorarlo, sería todavía peor.

Hace más de un decenio, la mayor parte de los países se adhirieron a un tratado internacional –la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático– para comenzar a considerar qué se puede hacer para reducir el calentamiento atmosférico y adoptar medidas para hacer frente a las subidas de la temperatura que sean inevitables. El 1997, los gobiernos acordaron incorporar una adición al tratado, conocida con el nombre de Protocolo de Kyoto, que cuenta con medidas más enérgicas (y jurídicamente vinculantes). Se prevé que el Protocolo entre en vigor en breve plazo. Y, desde 1988, un Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático ha examinado las investigaciones científicas y ofrecido a los gobiernos resúmenes y asesoramiento sobre los problemas climáticos.

Fuente:UNFCC