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lunes, 5 de mayo de 2014

Entre el capitalismo y la ecología

Quemanta


En las Conferencias Internacional sobre Desarrollo Sostenible un tema que está lamentablemente ausente es el de la adaptación de nuestros sistemas económicos a los cambios climáticos. Pareciera que las distintas oficinas de las Naciones Unidas caminan por carriles paralelos, nunca se encuentran. Y sin embargo la realidad es una misma y no habrá más desarrollo si no nos fijamos en los informes sobre calentamiento global. Algo hay que hacer. La gran pregunta que anima el artículo es ¿Puede un gobierno ser capitalista y defensor de la ecología al mismo tiempo? Para eso le doy una mirada a las políticas de Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador.En los cuatro casos se han dictado una serie de disposiciones legales e incluso constitucionales que pretenden proteger la naturaleza. En los cuatro se han desarrollado procesos de cambios que deberían haber potenciado estas políticas. El Perú logro derrotar la dictadura de Fujimori y comenzó un proceso de “transición a la democracia” que incluye la prisión del dictador. Ecuador, Bolivia, Colombia, han tenido importantes cambios constitucionales que incluyen artículos con contenido ecológico. Y sin embargo vemos en los cuatro que el extractivismo está ganando la batalla.
El nuevo siglo se inició en el Perú con un Gobierno de Transición, al ser declarado con incapacidad moral el Presidente Alberto Fujimori, por haberse fugado del país en medio de una grave crisis política. Durante el corto periodo de ocho meses de gobierno de Valentín Paniagua, se restableció el estado de derecho en el país, se logró estabilidad política, respeto a la institucionalidad democrática Alejandro Toledo, luego de un proceso electoral democrático, se convirtió en el presidente del Perú para el periodo del 2001 al 2006.
El 2005 se dictó la Ley General del Ambiente que establece los principios y normas básicas para el efectivo ejercicio del derecho constitucional al ambiente saludable, equilibrado y adecuado para el pleno desarrollo de la vida. Regula la gestión del ambiente y sus componentes en el Perú, y estipula la aplicación de medidas de adaptación y mitigación para eliminar o controlar las causas que generan la degradación ambiental. El 2008 se crea el Ministerio del Ambiente con el fin de aplicar políticas acordes con dicha ley y los compromisos internacionales adquiridos.
Y sin embargo son cada vez más los espacios agrarios que pasan a convertirse en zonas mineras. En un país que en los años 60 produjo una importante reforma agraria que puso las tierras en manos de quienes la trabajan esto ha significado un constante enfrentamiento entre la política extractivista del gobierno y el movimiento social: 12 muertos durante el gobierno de Alejandro Toledo, 67 durante el segundo gobierno de Alan García y 27 muertos durante el gobierno Ollanta Humala.
Bolivia es un país que resulta importante por varias razones. Tiene un gobierno que resulta de luchas ambientales y que corresponde al liderazgo del cocalero Evo Morales. Tiene una actitud de mayor independencia frente al mercado internacional. Promueve mayor inversión social, cambios institucionales que favorecen la participación ciudadana y fortalecimiento del Estado. Ha elevado el Buen Vivir a categoría constitucional lo que supone una relación más positiva entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza. Por último hay que destacar el liderazgo mundial que dio lugar a su momento más destacado: la Cumbre de Cochabamba de 2010.
A fines de la década del 2000, e inicios de la siguiente, los temas de cambio climático ocuparon un lugar central en la agenda política del país, de la mano del presidente Evo Morales, para quien es central la interpelación a las causas estructurales del cambio climático y la demanda a los países desarrollados a reducir sus Gases de Efecto Invernadero en sus fuentes domésticas y no a través de los mecanismos financieros de mercado.
El 2013 sin embargo ha estado marcado por el conflicto de la carretera TIPNIS. Se trata de un proyecto de unir el Pacifico con el Atlántico y que sin embargo afecta a un país que hace más de un siglo reclama su salida al mar. Evidentemente los beneficiados son Chile y Brasil. Pero también hay intereses Bolivianos, nuevamente relacionados a la política extractivista. En el plano de la institucionalidad del cambio climático, se genera el debilitamiento progresivo del Programa Nacional de Cambio Climatico hasta su cierre en 2012, así como el cierre del Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático en 2011.
En Colombia desde finales de la década del ochenta, la economía ha venido siendo objeto de una significativa diversificación hacia la superación del modelo mono exportador del café, por uno que incluye múltiples productos primarios, mediante el auge de industrias extractivas (minerales e hidrocarburos), manufacturas y prestación de servicios. Todo a partir de la implementación del modelo económico neoliberal impulsado por el Consenso de Washington de 1989.
Si bien la Constitución Política de 1991 no contiene disposiciones que aludan directamente al cambio climático, si contempla un amplio catálogo de normas en materia ambiental y reconocimiento de la diversidad cultural. A esto se suma la Ley 99 de 1993, que creó el sistema nacional ambiental y reconoció los principios de la Declaración de Río de Janeiro de 1992 —sobre medioambiente y desarrollo— como principios orientadores de la política. Además, el desarrollo jurisprudencial de la Corte Constitucional, en particular en materia de derechos ambientales y la protección de los territorios, han hecho de Colombia un país bandera en esta materia.
 Algunas organizaciones de la sociedad civil, con experticia en materia de cambio climático y áreas prioritarias para la conservación, decidieron formar una Mesa para apoyar las iniciativas del gobierno. Además, participaron en la realización conjunta de talleres de información y diálogo temprano con pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas. Lastimosamente las recomendaciones y estrategias formuladas por la Mesa prácticamente se quedaron en la mesa, por no tener la capacidad de articularse con sectores gubernamentales.
Colombia es, de los cuatro, el país con menos preocupación ambiental. En la actualidad, la economía del país se encuentra en un proceso dirigido a alcanzar mejores niveles de competitividad, lo cual se acompaña de la flexibilización de la normatividad ambiental y la no definición de salvaguardas socioambientales.
La Constitución de la República que actualmente rige la vida jurídica del Ecuador es fruto de un proceso profundo de cambios en la estructura institucional del Estado, que inició en septiembre de 2007 con la inauguración de los trabajos de la Asamblea Constituyente de Montecristi, y que culminó con la promulgación de la nueva Constitución en octubre de 2008 luego de su aprobación mayoritaria en referéndum. El nuevo texto constitucional incorpora tres pilares fundamentales sobre los que sustenta su visión de país. Los tres resultan de gran relevancia en relación a la naturaleza, la diversidad cultural y los derechos vinculados a ellas: el buen vivir o sumak kawsay, el reconocimiento de derechos a la naturaleza y el carácter plurinacional del Estado ecuatoriano. Con respecto al cambio climático, la Constitución establece que el Estado adoptará medidas adecuadas y transversales para la mitigación del cambio climático, mediante la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación y la contaminación atmosférica; además, tomará medidas para la conservación de los bosques y la vegetación, y protegerá a la población en riesgo (Art. 414).
Y sin embargo la iniciativa más atrevida del gobierno ecuatoriano muestra claramente sus límites. Se trata del compromiso del país para mantener indefinidamente inexplotadas las reservas de 846 millones de barriles de petróleo en el campo ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini), equivalentes al 20% de las reservas del país, localizadas en el Parque Nacional Yasuní en la Amazonía ecuatoriana. Pero es un compromiso condicionado a lo que haga la banca mundial. El Presidente Correa propuso que la comunidad internacional contribuya financieramente con al menos 3.600 millones de dólares, equivalentes al 50% de los recursos que percibiría el Estado en caso de optar por la explotación petrolera. Como la comunidad internacional no ha respondido el gobierno ecuatoriano piensa pasar por encima de los artículos que hablan de los derechos de la naturaleza, que prohíben la deforestación, que protegen a las comunidades en aislamiento voluntario.
En resumen: no puede haber cambio social que no pase por la ruptura con el capitalismo. Los intentos han sido saludables. Las propuestas de defender la naturaleza están ahí y seguramente son honestas. Pero no bastan. Y ya en los cuatro países los pueblos han comenzado a andar en la dirección del ecosocialismo. En esa dirección nos apuntamos.
 http://quemanta.org/2014/entre-el-capitalismo-y-la-ecologia-2/

domingo, 2 de junio de 2013

El progreso que contamina y mata, no es progreso
Las contra caras del modelo



La reciente publicación de un informe de la cátedra de Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), que arroja la escalofriante cifra de que el 51% de lxs vecinxs de un barrio de la localidad cordobesa de Alta Gracia, tendrían afecciones vinculadas a la aplicación de agroquímicos, puso nuevamente en tapete la tensión entre el negocio de los agro negocios y la salud humana. En Argentina se cultivaron en el año 2011 unas 23 millones de hectáreas con semillas transgénicas, trayendo consigo una aplicación inusual de 300 millones de litros por año de agroquímicos que ponen en riesgo la salud de más de 12 millones de personas en la Argentina. A la par del crecimiento del fabuloso negocio, que queda en pocas manos -“pool de siembra”-, la contracara de este modelo es el incremento de las enfermedades y muertes producidas por la aplicación de agroquímicos.
En los últimos años y como reacción al silencioso genocidio, las comunidades han ido organizándose y presentando distintos niveles de resistencia al modelo transgénico. A la fecha, este movimiento tiene como victoria parcial el haber logrado el fallo de culpabilidad en la justicia cordobesa de un productor y un aeroaplicador que violaron las restricciones de pulverización en barrio Ituzaingó.
El negocio
Con un precio de la soja por tonelada de $ 1.880.- y con la perspectiva alcista del precio de los granos de maíz, trigo, girasol, sorgo, la economía argentina parece tener la gallina de los huevos de oro.
Con la incorporación del transgénico en la argentina a mediados de la década de los 90, el campo argentino duplicó su producción de granos. En la actualidad es el tercer exportador a nivel mundial de soja. Este dato queda reflejado en un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario de mayo de 2012 (Productores de soja a nivel mundial (Datos a Set. 2011 USDA): 1º) Estados Unidos: 90 millones de tn, 2º) Brasil: 75 millones de tn, 3º) Argentina: 49 millones de Tn anuales, 4º) China: 18 millones de Tn anuales. Total Mundial: 264 millones de Tn.)
El 96% de este grano cultivado en nuestro país se exporta bajo la forma de poroto, harina o pellets, aceite o biocombustibles. Siendo en este esquema el biocombustible un gran negocio ya que reporta ingresos por u$s 1300.- millones al año.
“El biodiesel puede elaborarse con cualquier tipo de oleaginosa, como la colza, palma, jatropha pero en la Argentina no hay producción a escala que lo haga rentable salvo con soja”, dice en su informe Julio Calzada, director de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Según un informe de la Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina ( AIERA) en el año 2011 de las 25 empresas que más vendieron fuera del país 12 fueron vinculadas a la exportación de granos ( oleaginosas y sus derivados), del resto del segmento 6 están vinculadas a la venta de petróleo y gas, 2 a la comercialización de productos de minería, mientras que solamente 5 están vinculadas con bienes industriales ( 3 de autos, 1 de tubos de acero y 1 de aluminio). Éstas 25 empresas generan más de la mitad de las exportaciones de nuestro país, quedando a las claras la alta concentración del mercado en pocas manos y el gran negocio que significa el modelo transgénico.
Superficies con Organismos Genéticamente Modificados
La superficie total cultivada con transgénicos (Organismos Genéticamente Modificados, OGM) en la Argentina en el período 2011/2012 fue de 23,6 millones de hectáreas, “unas 0,8 millones de hectáreas más que en la campaña anterior (equivale a un aumento de 3,2%). Con el 15% de la superficie global de organismos genéticamente modificados (OGM), Argentina es el tercer país productor de transgénicos, después de Estados Unidos y Brasil”, afirma en su estudio ArgenBio – Minagri.
En 2011/2012 casi el 100% de la superficie de soja fue sembrada con soja tolerante al herbicida glifosato (18.800.000 has.), mientras que el maíz transgénico ocupó el 92% del área destinada a maíz (4.200.000 has.) y el algodón genéticamente modificado ocupó el 100% del área total del cultivo (575.000 has.). De este algodón, el 12% (69.000 has.) correspondió a algodón tolerante a glifosato y el 88% a variedades de algodón con dos características acumuladas (tolerancia a glifosato y resistencia a insectos, 506.000 has.). Con respecto al maíz, en 2011/2012 Argentina sembró maíz con características acumuladas (resistencia a insectos y tolerancia a herbicida) en 2,4 millones de has., o sea el 57% del total. El resto de la superficie de maíz correspondió a maíz resistente a insectos (1,4 millones de has., o sea el 33% del área total de maíz) y tolerante a herbicida (400.000 has., el 10% del total de maíz).
Como se podrá observar con los datos brindados hasta aquí, para garantizar el nivel de productividad de esta modelo es necesaria la aplicación a gran escala de millones de litros de agroquímicos que permitan garantizar el rinde de los cultivos.
Los beneficios obtenidos en el año 2011 en el caso de la soja tolerante a herbicida, el valor bruto de los beneficios obtenidos por la reducción de costos fue de 3.518,66 millones de dólares y por la expansión de la superficie cultivable, de 61.917,15 millones de dólares. En cuanto a la distribución de estos beneficios, 72,4% fueron a los productores, 21,2 al estado nacional – a través de las retenciones y otros impuestos – y el 6,4% restante a los proveedores de las tecnologías (semillas y herbicidas, distribuidos aproximadamente en partes iguales). En el caso del maíz, los beneficios acumulados se distribuyeron en un 68,2% para los productores, 11,4% para el estado nacional y 20,4% para los proveedores de tecnologías (con el grueso, un 19%, para el sector de los semilleros). Finalmente, los beneficios en el caso del algodón fueron mayoritariamente a los productores (un 96%), con un 4 % para los proveedores de las tecnologías (3% a los proveedores de semillas y el resto a los de agroquímicos). Fuente: INTA (SIGMA)
Nota: La estimación de los beneficios mencionados se ha realizado en base a un modelo matemático desarrollado por el INTA (SIGMA), el cual utiliza información obtenida a partir del Estudio del Perfil Tecnológico del Sector Agropecuario Argentino, complementado con información del MAGyP, ArgenBio, INDEC y FAO.
Nuevos sectores disputan el mercado
En nuestro país en el 2010, más del 50 % de la producción de soja estuvo controlada por el 3% del total de productores, a través de extensiones de más de 5.000 hectáreas, según el informe “Producción de soja en las Américas: actualización sobre el uso de tierras y pesticidas” del Centro para la Bioseguridad de Noruega. Este estudio revela cómo en la práctica nos encontramos que ante el aumento de la superficie de producción de transgénicos, la relación con el incremento de productores es inversamente proporcional. A este dato debemos agregar la incorporación o mayor disputa del mercado entre grandes empresas multinacionales que ya tienen en marcha el desarrollo de nuevas plantas de tratamiento y acopiadoras de granos.
El Plan Estratégico Agroalimentario 2020
En base a las perspectivas del negocio, son muchos los sectores monopólicos a nivel mundial que han puesto su vista en la Argentina y pretenden ampliar sus bocas de recolección. En los últimos meses, la empresa Monsanto anunció vía la presidenta Cristina Fernández, la ampliación de sus instalaciones en la región, y la construcción de una de las plantas de acopio de semillas de maíz más grandes del mundo en la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas.
Por su parte la Ministra de Industria Débora Giorgi anunció que Monsanto “invertirá otros 180 millones de pesos en dos centros experimentales para continuar los procesos de estudio que hacen que la Argentina lidere en América Latina el tema de patentamiento de elementos biogenéticamente modificados”. Con estas declaraciones se comunicaba el avance en la nueva y polémica Ley de semillas.
Pero no es tan solo esta empresa, vinculada a la industria armamentista, la que ya está llevando adelante sus proyectos. La multinacional de origen Suizo SYNGENTA anunció en julio de este año la inversión de $ 800 millones en la provincia de Córdoba, concretamente en Villa María, para la producción de un millón de bolsas anuales de maíz y girasol para exportación.
A este listado de empresas vinculadas a los agro negocios hay que sumar Cargill, Aceitera General Deheza, etc., un puñado de grandes empresas que marchan el ritmo de producción y agenda política en nuestro país, poniendo como valor principal las ganancias del sector sin importar los daños en la salud que estas actividades traen indudablemente.
La salud en cuestión
En los últimos años y a partir de la actitud de denuncia emprendida por las madres de barrio Ituzaingó, distintos sectores de la sociedad continuaron tomando conciencia respecto de los daños que trae para la población y el medio ambiente en general este modo de producción de cultivos.
Nombres como glifosato, endosulfán, DDT, 24D, Clorpirifós, etc. dejaron se ser extraños al vocabulario de denuncia de los pueblos que padecen la aplicación de estos insecticidas-acaricidas órganos-fosforados, y comenzaron a ser centro de la imputación de los causantes de los elevados tasas de cáncer, malformaciones congénitas y muertes de los habitantes de los pueblos fumigados.
Un informe dado a conocer a inicios del 2012, por “Médicos de Pueblos Fumigados”, basado en informes de oficinas del registro civil de distintos pueblos donde la población está expuesta sistemáticamente a fumigaciones, revela que casi el 30% de las muertes se producen por cáncer, mientras que en otras zonas del país ese número no llega al 18%, siendo la primera causa de muerte los problemas cardiovasculares.
Para Medardo Ávila, integrante de “Médicos de Pueblos Fumigados”, este aumento: “es correlativo en el tiempo con el aumento del uso de los agrotóxicos y el factor ecológico actuando en el medioambiente es principalmente la presencia de estos contaminantes”.
En barrio Ituzaingó la estadística de muerte por cáncer es del 33%, registrándose en una población de 4mil personas más de 220 casos de cáncer. Esta cifra supera a la media del país, pero se repite en las zonas donde la fumigación esta presente.
Durante el juicio por fumigación en barrio Ituzaingó, el Dr. Andrés Eduardo Carrasco dejó en claro ante el tribunal que el glifosato: “… no es biodegradable” y agregó “hay estudios que comprueban que se mantienen incluso en las napas de la tierra, el glifosato pasa a la sangre y a las vías respiratorias. Pasa donde quiere y parte de lo que entra nunca sale”.
Siguiendo con su declaración, aseveró que para él las sospechas son suficientes para aplicar el principio precautorio, creando al menos espacios de seguridad. “Es un viejo principio de la deontología médica. Ante la sospecha, uno tiene que prevenir, no puede esperar a la certeza” explicó el médico y más tarde continuó “mi sospecha me llevó a la investigación, es difícil creer que los relatos de vida que uno escuchó no tuvieran un sostén de veracidad. La sospecha me llevó a ver si yo podía explicar con mis sencillas técnicas lo que estaba sucediendo”.
Su declaración fue contundente “El glifosato es un veneno porque mata organismos vivos. No sólo mata plantas sino también células vivas de humanos y animales”.
En una declaración conjunta entre Madres de barrio Ituzaingo y el Colectivo Paren de Fumigar de Córdoba días antes de concluir el juicio por contaminación se dejaba bien en claro la postura acusatoria: “Desde hace más de 10 años ciudadanos del interior del país denuncian que las fumigaciones los enferman; a la par que el agronegocio se expande más y más sobre la base de un modelo de agricultura tóxica con semillas transgénicas, un sistema que consume cantidades crecientes de venenos y que en este ultimo año utilizo 370 millones de l/kg de diversos venenos (68% glifosato). El gobierno nacional y los gobiernos de muchas de las provincias del país, impulsan con entusiasmo este modelo, negando sus efectos tóxicos, a pesar de contar, ante sus propios ojos, con la evidencia de las consecuencias que producen sobre la vida y la salud de su población”.
Otra valiosa declaración durante el juicio fue la del Ingeniero Javier Souza, quién explicó que “Argentina asiste a un modelo productivo de monocultivo. Se sabe que los monocultivos son insustentables”. Afirmó que se están alterando los ciclos biológicos a partir de insumos externos: insecticidas, pesticidas y fertilizantes. A su vez, la dependencia del modelo productivo de estos insumos se agudiza a causa de la pérdida de nutrientes de la tierra, explicó el experto.
El ingeniero Souza es parte del Convenio de Estocolmo, organismo que nuclea a más de 120 países del mundo, en el cual se llega a consensos respecto a cuáles químicos deben ser retirados del mercado por ser perjudiciales para la salud y el ambiente. Explicó que el glifosato está siendo investigado para que se lo declare C.O.P. (Contaminantes Orgánicos Persistentes).
La importancia de todo lo expuesto por científicos, médicos, y profesionales vinculadxs a la salud en el juicio a la fumigación en barrio ituzaingó, hace hoy a un importante registro histórico de esta problemática en el país, ya que es la primera vez que quedan testimoniadas ante un estrado las certezas de la ciencia respecto de las graves consecuencias en la salud del avance del modelo de siembra de organismos genéticamente modificados.
El fallo condenatorio del Tribunal sobre el agricultor Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello, de tres años de prisión condicional no efectiva por violación de la Ley de Residuos Peligrosos (24.051), dejó un antecedente importante a instancias de un nuevo juicio (causa madre) donde entre otras cosas se buscará determinar la relación causa/efecto entre las fumigaciones y las enfermedades y/o muertes en barrio Ituzaingó.
Para esta causa ya suman nueve los imputados, entre ellos seis ingenieros agrónomos, a los cuales se los acusa por contaminación ambiental dolosa, y los ya condenados en la sentencia del primer juicio de agosto de 2012, el agricultor Francisco Parra, el piloto aeroaplicador Edgardo Pancello y el productor absuelto Jorge Gabrielli.
El modelo en el banquillo de los acusados
Como expresión de la relevancia de la resistencia, lucha y toma de conciencia de la gravedad de las fumigaciones y la presión que ésta genera sobre el sistema político y judicial, hace pocos días se anunció que en febrero de 2013 tendrá inicio un nuevo juicio por contaminación dolosa en Colonia Tirolesa, otra localidad cercana a la capital de Córdoba.
En esta causa se lo acusa a Nestor E. Conci de realizar fumigaciones a un lote sembrado en esta oportunidad con papa, pero generalmente ocupado por soja, en la zona de Colonia Tirolesa, con el producto Engeo de Syngenta; un insecticida a base de thiametoxan y lambdacihatina (neonicotinoide + piretroide) de categoría 2 (moderadamente peligroso para la salud); aplicado con un equipo terrestre de arrastre.
La denuncia data de noviembre del 2008, y la fumigación se realizó al costado este del campo mencionado, a escasos 20 metros del sembradío, donde existe una zona poblada y habitada por familias de la localidad.
Allí se fumigó violando el retiro establecido por la Ley provincial 9164. Se estuvo realizando la aplicación desde la hora 11 de la mañana hasta las 18 hs, con 26,5º de temperatura, hubo mucho viento todo el día y a las 12.45hs se registró un intenso viento del oeste de 65 km/hora; Conci continuó con la fumigación; violaba la distancia a la zona poblada, la temperatura recomendada y el viento que fue muy superior a los 5 km/h aceptables como “buenas prácticas” para cualquier aplicación de agrotóxicos.
Durante estos años y como forma de frenar la peligrosa actividad, en distintas localidades de Córdoba, el pueblo fue buscando y encontrando formas de organización y resistencia. Como expresión de la misma se fue pugnado, con distinta suerte, por la aprobación de ordenanzas que restrinjan la aplicación de agrotóxicos en cercanía de lugares poblados. La ordenanza de Alta Gracia es uno de los mayores logros del movimiento, ya que prohíbe la fumigación a 1500 metros de zona urbana. A la fecha, son 18 las localidades cordobesas que tienen ordenanzas que limitan la pulverización con distintos niveles de restricción.
La resistencia ha echado a andar
Este año se vivieron en Córdoba significativas e históricas movilizaciones en defensa de la soberanía alimentaria, el fin de las fumigaciones y el respeto por la vida. Primero el apoyo de miles de cordobesxs en las calles para exigir justicia para las madres de Barrio Ituzaingó y luego para repudiar la instalación de Monsanto en Malvinas Argentinas y su símil SYNGENTA en Villa María.
Lo que parecía un imposible hace un par de años comenzó a aparecer y a consolidarse: una sociedad que se pronunció masivamente, teniendo en este último trimestre como máxima expresión la resistencia contra Monsanto.
Malvinas Argentinas es una localidad a 15 km del centro de la ciudad de Córdoba, la misma es la típica ciudad dormitorio de familias pobres y trabajadoras, rodeada de campos con distintos cultivos y con una parte de la misma atravesada por la ruta provincial 19. Esta senda es una arteria importante del pulmón transgénico ya que conecta Córdoba con Santa Fe.
Es allí donde Monsanto pretende instalar su planta, y todo el poder político provincial, municipal y nacional hace su juego para garantizar que la semillera monopólica eche sus raíces. Curioso escenario se plantea donde sectores K (gobierno nacional), delasotistas (gobierno provincial) y radicales (gobierno municipal) muestran un nivel de acuerdo y articulación para limpiar el camino y coronar el 2014 con la inauguración de la planta.
Pero el camino esta mellado de conciencia y organización de vecinxs del pueblo que nucleadxs en la “Asamblea Malvinas lucha por la Vida” han generado en tiempo record más de una complicación al armado político aparentemente infalible.
Con el correr de los meses todas las propuestas tendientes a generar una resolución democrática, entiéndase “consulta popular”, fueron rechazadas de plano por el Concejo Deliberante de Malvinas, mediando una represión para quienes protestaban en las afueras de municipio por parte de la policía de Córdoba y grupos que respondían al Intendente Daniel Arzani.
Otras de las vías donde se ha planteado la disputa es en el terreno jurídico donde los recursos de amparo para que no se avanzara con las obras de construcción de la planta fueron desestimados por el fiscal Anticorrupción de Córdoba, Gustavo Hidalgo
La presentación penal planteaba que los acusados (funcionarios provinciales y municipales) incurrieron en el delito de abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público al otorgar pre factibilidad a la radicación y autorizar el inicio de las tareas preliminares a la construcción de la planta antes de que la firma hubiera completado los requisitos que fija la Ley General del Ambiente 25.675.
Pese a los reveses planteados, se continúa exigiendo que se hagan públicos los informes de impacto ambiental que a la fecha y con los plazos vencidos aun no han sido presentados por la Secretaria de Ambiente provincial, la cual autorizó la ejecución de la 1era. etapa de la instalación de Monsanto en Malvinas Argentinas.
Para el conjunto de las asambleas son necesarias políticas públicas que consideren la importancia de resguardar el ambiente, políticas que limiten la codicia desenfrenada de los empresarios y sus socios, ya que consideran que: “son estos empresarios y funcionarios quienes ven en el ambiente:”…un “medio” para reproducir rápida e ilimitadamente el capital, desconociendo los ritmos regenerativos de la naturaleza y generando daños ambientales cuyos costos sufren y pagarán toda la comunidad…”
La resolución N° 595 de la Secretaría de Ambiente provincial abre nuevos interrogantes al respecto de la correcta ejecución de los pedidos emanados de la misma, los cuales se desconocen a la fecha y que solicitan expresamente un plazo de 30 días para presentar “…los estudios de modelos de dispersión atmosférica tendientes a obtener proyecciones de contaminantes en el ambiente”, por ejemplo. Y 45 días para presentar los análisis de agua correspondientes a la capa freática inmediatamente aguas debajo del predio de emplazamiento del proyecto…” Entre otras indicaciones, tampoco se dio a conocer el “Monto de la Inversión y el “cómputo y presupuesto del proyecto”.
Pero es en el escenario de disputa de la opinión pública, donde el monopolio Monsanto ha encontrado un hueso duro de roer, ya que es allí donde el Movimiento se ha presentado con un fuerte consenso en la población.
Esta situación ha generado que Monsanto deba invertir miles de pesos en pautas publicitarias, costosos viajes a periodistas, encargar encuestas telefónicas para conocer más acabadamente su imagen en la ciudadanía, además de impulsar reuniones con equipos de distintas redacciones periodísticas para fijar su “imagen benevolente”.
El progreso que contamina y mata, no es progreso.
Más allá de que la semillera pueda ejecutar su obra, no hay dudas que no será fácil para ningún gobierno, de ahora en más, continuar con sus políticas transgénicas, sin que se encuentre con niveles mayores de resistencia al modelo.
Los puntos de reclamo planteados por las asambleas socio ambientales son el rechazo a las políticas extractivistas y productivistas como la agricultura transgénica y de agrotóxicos, la megaminería y la minería de uranio y subrayan: “repudiamos enérgicamente la instalación de la planta de Monsanto en Malvinas Argentinas, como la de Syngenta en Villa María o la de Dow Chemical en el norte cordobés”. Además exigen que se respeten los derechos a la soberanía popular del pueblo de Malvinas Argentinas que reclama por un plebiscito que decida si se acepta o no la instalación de Monsanto en ese lugar. Y demandan un sistema productivo que integre a toda la población, que redistribuya la riqueza que se genere, y que preserve la capacidad regenerativa del ambiente para que siga siendo fructífero para todo el pueblo que habita la provincia ahora y en el futuro.
Fuentes:
http://argentina.indymedia.org/news/2013/01/829339.php
El arte urgente de la supervivencia


O la necesidad de ahondar en un debate ecológico, multidisciplinario, que se convierta en praxis efectiva

Porque el tiempo apremia. De bíblicamente anunciado -y que conste: no solo la tradición cristiana lo refiere-, el Apocalipsis se ha instalado por su fuero en las previsiones de la ciencia, de tal manera que ante su dimensión factual palidecen las más catastrofistas de las películas hollywoodenses, o las más hollywoodenses de las películas catastrofistas. Es casi lo mismo.
Entre otros, el norteamericano Michael T. Klare, profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College, nos aconseja en TomDispatch.com/Rebelion.org prepararnos para lo peor. Según diversos entendidos, ya están convergiendo dos escenarios de pesadilla: la escasez de recursos vitales y el comienzo de un cambio climático extremo, que en las próximas décadas producirían una ola de agitación, competitividad y conflicto. “Puede que aún sea difícil discernir cómo será ese tsunami de desastres, pero los expertos advierten de ‘guerras del agua’ sobre disputados sistemas fluviales, de disturbios alimentarios globales provocados por las crecientes subidas de los precios de los productos básicos, de migraciones masivas de refugiados climáticos (que acabarán desencadenando actos de violencia contra ellos) y de ruptura del orden social o de colapso de los Estados. Es probable que, al principio, ese caos estalle básicamente en África, Asia Central y otras zonas del Sur subdesarrollado, pero […] todas las regiones del planeta se verán afectadas”.
Si “cuando consideramos el impacto del cambio climático pensamos ante todo en el medioambiente -el deshielo en el Ártico y en Groenlandia, el aumento en el nivel de los mares del planeta, la intensificación de las tormentas, los desiertos en expansión y el peligro de extinción de especies como el oso polar-, cada vez mayor número de especialistas está concluyendo que los seres humanos experimentarán directamente los efectos de las transformaciones por intermedio del deterioro o la destrucción total de los hábitats de los que dependen para la producción alimentaria, actividades industriales o, sencillamente, la vida”.
Quizás una de las más palmarias pruebas de la gravedad del asunto radique en que los servicios de espionaje y contraespionaje de los Estados Unidos, como el Gobierno hasta hace poco ignorantes en gran medida de los peligros, comenzaron a “apreciar lo que siempre han estado advirtiendo los expertos de la energía, los analistas y los científicos: el consumo desenfrenado de los recursos naturales del mundo, junto con el advenimiento de cambios climáticos extremos, producirá una explosión global de caos y conflicto humano”. “Shock de los recursos”, fue la frase lapidaria de James R. Clapper, director de la Inteligencia Nacional, subrayada por Klare.

Peras al olmo
Claro, sería pedir demasiado a los alabarderos del sistema salirse de la simple enumeración de calamidades y, abandonando el temor a las esencias, al menos consultar la postura del estadounidense James O’Connor, quien en “The second contradiction of capitalism”, artículo incluido en el libro Greening Marxism y aparecido en español en el número 3 de la revista Marx Ahora (La Habana, 1997), profundiza en el trasfondo, las causas de lo por venir. Allí arremete contra el doloso olvido de las aseveraciones vertidas por Karl Polanyi en The Great Transformation (1944) acerca de las formas en que el crecimiento del mercado capitalista deteriora o destruye sus propias condiciones sociales y ambientales.
Y O‘Connor no pecó de tímido en la arremetida. Para él, el trabajo de Polanyi continúa suponiendo “un lucero en un firmamento lleno de estrellas moribundas y huecos negros del naturalismo burgués, el neomaltusianismo, el tecnocratismo del Club de Roma, el ecologismo profundo romántico y el globalismo de las Naciones Unidas” en cuanto a los límites ecológicos del crecimiento económico y las interrelaciones entre desarrollo y ambiente -temas introducidos en el pensamiento occidental durante los años 60 y 70 del siglo XX-, porque en esos razonamientos “no aparecen la explotación de clases, la crisis capitalista, el desarrollo capitalista desigual y combinado, las luchas de independencia nacional, entre otros”.
Estos y muchos esfuerzos más “por discutir el problema del capitalismo, la naturaleza y el socialismo se pudren en la mata”, pues “no se concentran en la naturaleza de la escasez específicamente capitalista, en el proceso por el cual el capital constituye su propia barrera o límite debido a sus formas autodestructoras de proletarización de la naturaleza humana, la apropiación del trabajo y la capitalización de la naturaleza externa”.

Por las ramas
Así que los “enfoques usuales de la cuestión -la identificación de los ‘límites al crecimiento’ en términos de la ‘escasez de recursos’, la ‘fragilidad ecológica’, la ‘perjudicial tecnología industrial’, los ‘valores culturales destructivos’, la ‘tragedia de los comunes’, la ‘superpoblación’, el ‘consumo derrochador’, la ‘rueda de la producción’, y más- o ignoran o deforman las teorías de Marx sobre las formas de la naturaleza producidas por la historia y la acumulación y el desarrollo capitalistas”.
Para el británico Ted Benton -él y otros especialistas también figuran en el expediente de la publicación cubana-, la línea central del argumento de O’Connor es que la óptica marxista clásica de la contradicción fundamental del capitalismo -entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción- precisa complementarse con el reconocimiento de una segunda contradicción, entre las fuerzas (y las relaciones) productivas y las condiciones de producción.
Harto conocido: la primera “genera crisis de superproducción, mediante las cuales las fuerzas productivas y las relaciones de producción son restructuradas hacia una socialización cada vez mayor de las fuerzas productivas”, engendra un movimiento obrero que constituye “una barrera social para la acumulación de capital” y se erige en agente de una transición al socialismo. “Esto último no está garantizado de antemano, pero […] se considera imaginable por los efectos desmaterializables de la crisis capitalista, así como por el carácter cada vez más socializado de la propia producción capitalista”.
La segunda “es diferente, aunque análoga, con respecto de la primera en su tendencia a generar crisis, a engendrar un movimiento social que funciona como una barrera para la acumulación de capital, y a requerir la restructuración (la provisión de) las condiciones de producción en la dirección de una mayor socialización […] pueden existir dos caminos distintos hacia el socialismo: mediante el movimiento obrero, arraigado en la primera contradicción, y a través de los movimientos ambientalistas (y otros movimientos sociales), arraigados en la segunda contradicción del capitalismo”.

Tientos y diferencias
¿Representa, entonces, ese sistema la fuente única de los males ambientales? La interrogante signa un debate en el que algunos han achacado estrechez al enfoque de O’Connor; en particular, a la ubicación de la razón principal de todas las variantes de degradación del medio en las relaciones económicas del modo de producción caracterizado por la maximización de las ganancias.
El mexicano Víctor M. Toledo, por ejemplo, sostiene que la actual crisis ecológica, sin precedente en la historia, parece ser consecuencia de dos procesos principales: la completa integración de las sociedades humanas a través de las comunicaciones, el transporte, la tecnología y el intercambio económico; y la total colonización de los espacios terrestres como resultado del crecimiento y la expansión del género. La industrialización, refiere, ha provocado que enclaves poblacionales enteros y zonas adyacentes sean prácticamente inhabitables desde hace más de 150 años, y hay evidencias del agotamiento de los recursos naturales en las civilizaciones de la Antigüedad, como Grecia y Roma.
Toledo recuerda que los problemas de la contaminación, la energía y el uso destructivo de los bienes de natura estaban asimismo presentes, “en la misma proporción”, en la mayoría de los países del campo socialista. A modo de puntillazo para la duda, apunta que hay experiencias ecológicamente exitosas (¿a corto plazo?) de las “economías orientadas al mercado”.
¿Dónde dejar el deterioro ocasionado por los cambios demográficos?, se pregunta. Y remata resumiendo el atolladero planetario: la deforestación, el debilitamiento de la capa vegetal, la desertización, la contaminación de los océanos y las masas de agua dulce, la pérdida de la biodiversidad, los desechos tóxicos, la contaminación urbana, la destrucción de los recursos marinos, el efecto invernadero, el despilfarro energético y la destrucción de la capa de ozono.
Según la voz crítica, al relacionar el marxismo con la ecología se está imputando a priori todos los problemas de esa índole al capitalismo, creando lugares comunes y perpetuando la funesta tradición del dogmatismo. Desde su punto de vista, la segunda contradicción de O’Connor podría servir como una hipótesis general de trabajo que se comprobaría en la investigación posterior, pero no como una armazón científica. En su apoyo, alude a que Marx consideró el proceso de la obra humana expresión de un fenómeno más general, eterno y presocial del intercambio material entre la especie y la Tierra. “También vio el curso de la historia como una creciente separación o conflicto entre la naturaleza y la sociedad (llegando a su punto culminante con el capitalismo), y el futuro deseable como su solución”.
Ted Benton replica aquí. Demostrar que las crisis son características endémicas de la sociedad capitalista no compromete a O’Connor con la opinión de que sean el origen de todos los problemas. Si bien una aprehensión cabal del asunto requeriría más de una teoría del crack ecológico, la del intelectual norteamericano representa una contribución esencial para la tarea, dada la preminencia universal del sistema.
Ahora, no debemos pasar por alto que la trascendencia, la superación de este no garantizaría de por sí el equilibrio ambiental. Se trata de qué socialismo instaurar. Como hemos apuntado en otro lugar, a estas alturas reina el consenso de que la comprensión “teológica” del marxismo reflejada en los divulgados Diamat e Hismat situó las categorías principales en el terreno técnico-material, el aumento de la productividad del trabajo, y, por ende –asevera Néstor Kohan en Marx en su (Tercer) Mundo. Hacia un socialismo no colonizado-, “la proporción del avance de las fuerzas productivas [funcionó] como índice del progreso humano en tanto expresión del grado de dominio de la naturaleza […] Stalin sostuvo sin ambigüedades que la URSS era la mejor sociedad ‘porque siempre producía más acero’. ¿Qué criterio de racionalidad implícito tenía para medir de ese modo el desarrollo social? Cuando más tarde el Che Guevara afirmaba heréticamente desde la Revolución Cubana que el ‘comunismo’ meramente ‘económico’, sin una moral comunista, no le interesaba, ¿qué otro marco de referencia subyacente se ponía en juego?” Con la expuesta noción del progreso, ¿dónde colocar el concepto de hombre nuevo?
“En cambio –añade Kohan-, si las categorías centrales se ubican en el terreno de las relaciones sociales de producción el progreso se medirá tomando en cuenta la variable de la relación (armónica o inarmónica) con la naturaleza como también aquella otra del aumento o pérdida de lo humano y el control sobre las condiciones sociales de existencia, lo que equivale a integrar en una unidad diferenciada la noción del progreso junto a las de alienación y fetichismo”.
Para el filósofo argentino, si optamos por ese segundo tipo de lectura, explicaríamos que un avance en las fuerzas productivas puede ir acompañado de una mayor pérdida del control sobre las relaciones sociales y, paralelamente, de una mayor destrucción de la naturaleza, lo cual nos permitiría arribar a “un concepto de progreso como un proceso esencialmente contradictorio, donde se realizan al mismo tiempo recuperaciones y pérdidas relativas y permanentes de lo humano”. Por supuesto, también el “socialismo real” cometió el pecado de productivismo, pero copiando en ello al rival.

El recurso del método
No en vano Engels proclamaba, en El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, que “en el capitalismo lo que prima siempre es la inmediatez, el beneficio inmediato es el único fin del capitalista aislado, sin importar las consecuencias de la producción e intercambio. El capitalista produce sin tomar en consideración el posible agotamiento o degradación del recurso, ni siquiera para una potencial utilización por otros capitalistas”. Obviamente, la tendencia general es la de destruir las propias condiciones. ¿Cuáles? Siguiendo a Marx, O’Connor distingue las físicas externas (comúnmente estimadas características del entorno natural: los ecosistemas, el suelo, el aire, el agua…), la fuerza de trabajo (que incluye a los trabajadores como organismos biológicos, la salud mental, la física) y las generales y comunales de la producción social (los medios de comunicación, el transporte, la infraestructura).
Así que, tratando de eludir tentadores bizantinismos, no creemos que importe tanto si a la postre resulta válida la tesis de que el capitalismo lleva en su seno, además de la clásica contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, una entre las fuerzas (y las relaciones de producción) y las condiciones de producción, a las que serían intrínsecos (James O’Connor dixit) dos caminos distintos hacia el socialismo: por intermedio del movimiento obrero, arraigado en la primera, y de los ambientalistas y otros, en la segunda. No sabemos si, por el contrario, perdurará la aseveración de que ambas contradicciones solo son formas de una única: la existente entre las necesidades del capital y las necesidades de los seres humanos, como ha aseverado el canadiense Michael A. Lebowitz, quien insiste en que si para Marx “el capital no tiene en cuenta la salud y la duración de la vida del obrero, a menos que la sociedad lo obligue a ello”, lo mismo sucede con todas las demás condiciones.
En nuestro modesto ver, más significativa deviene la convicción de que la anomalía estructural se instituye en responsable de una tendencia hacia la transición del sistema explayado, y que las cuestiones propias de las condiciones de producción poseen una esencia clasista, aun cuando sobrepasan esa esfera. De ahí lo imprescindible de escuchar a O’Connor en una búsqueda que nos ayudaría a despojarnos de la visión abstracta sobre los riesgos de Apocalipsis, a encuadrar las causas históricas, concretas de la posibilidad de este, para atajarlo a tiempo, o demorarlo mientras se encuentran alternativas como, digamos, el éxodo cósmico, el poblamiento de otros mundos.
Y ¿cómo conjurar o diferir el fin, dado el constatado intento a ultranza de una expansión continua en una biosfera finita? ¿Cómo lograr “satisfacer las necesidades económicas, sociales, de diversidad cultural y de un medioambiente sano de la actual generación, sin poner en riesgo la satisfacción de las mismas a las generaciones futuras”, lo que la ONU llama desarrollo sostenible? Ah, en esto sí coincidirían O‘Connor, Benton, Lebowitz y otros pensadores. De antídoto, un generalizado socialismo otro (¿ecológico?), que restituya al homo sapiens el control sobre las relaciones sociales, abundosa democracia mediante, y que, sorteando la trampa del productivismo burgués, procure siempre el “milagro” del hombre nuevo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Terracidio y terraristas: Destruyendo el planeta por beneficios de récord
La empresa más criminal de la historia

TomDispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Contamos con una palabra para designar la matanza consciente de un grupo racial étnico: genocidio. Y otra para la destrucción consciente de determinados aspectos del medio ambiente: ecocidio. Pero no tenemos un término para designar el acto consciente de destruir el planeta que habitamos, el mundo que la humanidad ha conocido, hablando históricamente, hasta ayer por la noche. Una posibilidad podría ser “terracidio”, de la palabra latina terra, que designa el planeta tierra. Encaja bien, dada su similitud con el peligroso tópico de nuestra era: terrorista.La verdad es que, los llamemos como los llamemos, es hora ya de hablar sin rodeos sobre los terraristas de nuestro mundo. Sí, lo sé, el 11-S fue algo horrendo. Casi 3.000 muertos, torres de hormigón que se desploman, escenas apocalípticas. Y sí, en lo que se refiere a ataques terroristas, los atentados del maratón de Boston tampoco fueron mucho mejores. Pero en ambos casos, quienes cometieron los actos pagaron o pagarán por sus crímenes.
E n el caso de los terraristas -y aquí me estoy refiriendo especialmente a los hombres que están al frente de lo que pueden ser las corporacionesmás rentables del planeta, compañías energéticas gigantes como ExxonMobilChevronConocoPhillipsBP Shell, Vd. es uno de los que van a tener que pagar por ello, y más aún sus hijos y nietos. Y ya puede dar algo por sentado: ni un solo terrarista va a ir a la cárcel, aunque saben perfectamente lo que están haciendo.
No es muy difícil de comprender. En los últimos años, las empresas han estado extrayendo de la tierra combustibles fósiles de forma cada vez más frenética e ingeniosa. A su vez, la quema de esos combustibles fósiles ha arrojado a la atmósfera cantidades record de dióxido de carbono (CO2). Sólo este mes, el nivel de CO2 alcanzó las 400 partes por millón por vez primera en la historia humana. Los científicos llegaron hace tiempo alconsenso de que ese proceso estaba calentando el mundo y que si el promedio de la temperatura planetaria subía más de dos grados Celsius podían acecharnos todo tipo de peligros, incluyendo que los mares subieran el nivel suficiente como para inundar las ciudades costeras, que hubiera crecientes oleadas de calor, sequías, inundaciones, fenómenos meteorológicos cada vez más extremados, etc.
Cómo hacer cantidades ingentes de dinero en el planeta
Nada de lo anterior era exactamente un misterio. Está en la literatura científica. El científico de la NASA James Hansen fue el primero que divulgó en el Congreso la realidad del calentamiento global en  1988. Costó un tiempo –gracias en parte a los terraristas- pero las noticias de lo que estaba sucediendo iban colándose cada vez más en los principales medios de comunicación. Todos podíamos enterarnos.
Quienes dirigían las corporaciones gigantes de la energía sabían perfectamente bien lo que estaba pasando y podían, desde luego, haberlo leído en los periódicos como el resto de nosotros. ¿Y qué hicieron? Poner su dinero a financiar think tanks, políticos, fundaciones y activistas con la intención de acentuar las "dudas" sobre la ciencia (ya que no podían realmente desmentirla); ellos y sus aliados promovieron enérgicamente lo que llegó a conocerse como negacionismo climático. Después enviaron a sus agentes, lobbistas dinero al sistema político para asegurar que no interfiriera en sus modos de saqueo. Y, mientras tanto, redoblaron sus esfuerzos para obtener en la Tierra energía aún más difícil y en ocasiones “más sucia” por medios cada vez más arduos y más sucios.
La gente que hablaba del Pico del P etróleo no estaba equivocada cuando hace años sugirió que pronto alcanzaríamos un límite en la producción de petróleo a partir del cual empezaría su declive. El problema fue que se habían centrado en las reservas de petróleo líquido tradicional o “convencional” obtenidas de grandes reservas en lugares terrestres o cercanos a la costa a los que era fácil acceder. Desde entonces, las grandes compañías energéticas han invertido una notable cantidad de tiempo, dinero y (si se me permite utilizar la palabra) energía en el desarrollo de técnicas que les permitan recuperar anteriormente irrecuperables reservas (en ocasiones mediante procesos por los que es preciso quemar cantidades sorprendentes de combustibles fósiles): frackingperforaciones en aguas profundas y producción de arenas bituminosas, entre otros métodos.
También empezaron a buscar inmensos depósitos de lo que el experto en energía Michael Klare denomina energía “extrema” o “dura” –petróleo y gas natural que sólo puede adquirirse mediante la aplicación de una fuerza extrema o que requiere de extensos tratamientos químicos para poder utilizarlos como combustible. Además, en muchos casos los suministros que se adquieren como petróleo pesado y arenas bituminosas tienen mayor contenido de carbón que otros combustibles y emiten más gases invernadero en el momento en que se consumen. Estas compañías han empezado incluso a utilizar el mismo cambio climático –con el deshielo del Ártico- para explotar enormes suministros energéticos anteriormente inaccesibles. Por ejemplo, con el visto bueno de la administración Obama, la Royal Dutch Shell se ha estado preparando para probar posibles técnicas de perforación en las traicioneras aguas de Alaska.
Llámenlo ironía, si quieren, o llámenlo pesadilla, pero las Grandes del Petróleo no tienen evidentemente reparos en obtener su próxima tanda de beneficios directamente del deshielo del planeta. Sus altos ejecutivos continúan planificando sus futuros (y, por tanto, los nuestros), a sabiendas de que sus actos, tan extremadamente rentables, están destruyendo el hábitat mismo, la escala misma de temperaturas que desde hace tanto tiempo hicieron que la vida resultara cómoda para la humanidad.
Sus conocimientos previos sobre el daño que están haciendo es lo que debería convertir su actividad en una actividad criminal. Y hay precedentes corporativos de esto, aunque sea a menor escala. La industria del plomo, la industria del amianto y las tabacaleras conocían todos los peligros de sus productos y se esforzaron en suprimir la información o infundir dudas al respecto, incluso cuando promovían las excelencias de lo que hacían, y siguieron produciendo y vendiendo mientras otros sufrían y morían.
Y hay otra similitud: en el caso de esas tres industrias, los resultados negativos llegaban convenientemente años, incluso décadas, después de la exposición y por eso fue tan difícil hacer la conexión con ellas.
Cada una de esas industrias sabía que la relación existía. Cada una utilizó ese tiempo de desconexión como protección. Con una diferencia: que si Vd. fuera un ejecutivo del tabaco, del plomo o del amiento, podía asegurarse de que sus niños y nietos no se vieran expuestos a su producto. A largo plazo, esa opción no existe en lo que se refiere a los combustibles fósiles y al CO2, porque todos vivimos en el mismo planeta (aunque también es verdad que es poco probable que los ricos que viven en las zonas templadas sean los primeros en sufrir las consecuencias).
Si los secuestros de aviones por parte de Osama bin Laden el 11-S o las bombas caseras de los hermanos Tsarnaev constituyen ataques terroristas, ¿por qué lo que están haciendo las compañías energéticas no debería caer en una categoría similar (aunque a un nivel que convierte aquellos sucesos en algo mínimo)? Y si es así, entonces ¿dónde está el Estado de seguridad cuando realmente lo necesitamos? ¿No sería ser su deber salvaguardarnos de los terraristas y del terracidio tanto como de los terroristas y sus destructivos atentados?
Las alternativas que no fueron
No tenía por qué haber sido así.
El 15 de julio de 1979, en una época en que los conductos del gas, que en ocasiones registraban obstrucciones, eran un accesorio inquietante en la vida estadounidense, el Presidente Jimmy Carter habló directamente al pueblo estadounidense por televisión durante 32 minutos, pidiendo un esfuerzo concertado para acabar con la dependencia del país del petróleo del Oriente Medio. “Para conseguir seguridad energética”, anunció.
“Estoy exigiendo el mayor compromiso de fondos y recursos de la historia de nuestra nación en tiempos de paz para desarrollar fuentes alternativas para la obtención de combustible: a partir del carbón, de los esquistos bituminosos, de productos vegetales para gasóleos, de gas no convencional, del sol… De forma parecida a como la corporación del caucho sintético nos ayudó a ganar la II Guerra Mundial, por tanto movilizaremos la determinación y capacidad estadounidenses para ganar la guerra de la energía. Además, someteré pronto al Congreso la legislación necesaria para crear el primer banco solar de esta nación, lo cual nos ayudará a conseguir que, para el año 2000, el objetivo fundamental del 20% de nuestra energía provenga de la energía solar”.
Es verdad que, en un momento en que la ciencia del cambio climático daba sus primeros pasos, Carter no conocía la posibilidad d e un sobrecalentamiento mundial y su visión de la “energía alternativa” no era exactamente la de los combustibles libres de fósiles. Incluso entonces, que no se vislumbraba aún la situación actual ni la futura, estaba hablando de tener “más petróleo en nuestras pizarras bituminosas que en varias Arabias Saudíes”. No obstante, fue un discurso notablemente progresista.
Si hubiéramos invertido entonces masivamente en energías alternativas de I+D. ¿qu ién sabe dónde podríamos estar hoy? En cambio, los medios lo tildaron de “discurso del malestar”, aunque en realidad el presidente nunca utilizó esa palabra, hablando en cambio de una “crisis de confianza” estadounidense. Aunque la primera reacción pública pareció ser positiva, no duró mucho. Al final, las propuestas energéticas del presidente se tomaron a broma y se ignoraron durante décadas
Como gesto simbólico, Carter hizo instalar 32 paneles solares sobre la Casa Blanca. (“Dentro de una generación, este calentador solar puede acabar siendo una curiosidad, una pieza de museo, un ejemplo de un camino no tomado, o puede ser una pequeña parte de una de las aventuras más grandes y excitantes nunca emprendidas por el pueblo estadounidense: aprovechar el poder del sol mientras enriquecemos nuestras vidas y nos alejamos de nuestra paralizante dependencia del petróleo extranjero.”) Al final resultó que la descripción exacta fue la de “camino no tomado”. En cuanto pisó la Oficina Oval en 1981, Ronald Reagan captó a la perfección el estado de ánimo de la época. Uno de sus primeros actos fue ordenar que se quitaran los paneles y nadie los volvió a instalar a lo largo de tres décadas, hasta que Barack Obama llegó a la presidencia.
Carter, de hecho, dejó su huella en la política energética estadounidense, pero no en la forma que había imaginado. Seis meses después, el 23 de enero de 1980, en su último discurso al Estado de la Nación, proclamaría lo que llegó a conocerse como la Doctrina Carter: “Dejemos nuestra posición absolutamente clara”, dijo. “Cualquier fuerza exterior que intente hacerse con el control de la región del Golfo Pérsico se considerará como un ataque contra los intereses vitales de los Estados Unidos de América, y tal ataque será repelido por todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar”.
Nadie tomó esas palabras a broma. En cambio, el Pentágono comenzaría fatalmente a organizarse para proteger los intereses estadounidenses (alrededor del petróleo) en el Golfo Pérsico en una nueva escala y pronto EEUU emprendería sus guerras por el petróleo. No había pasado mucho tiempo de ese discurso, cuando se empezó a desarrollar una Fuerza de Despliegue Rápido en el Golfo que al final se convertiría en el Mando Central Estadounidense. Más de tres décadas después, las ironías abundan: gracias en parte a esas guerras del petróleo, franjas enteras de un Oriente Medio rico en energía están en crisis, cuando no inmersas en el caos, mientras que las Grandes del Petróleo han puesto tiempo y dinero en una versión asombrosamente centrada en los combustibles fósiles de la “alternativa” de Carter en América del Norte. Se han centrado en el petróleo y gas de esquisto bituminoso, y con nuevos métodos de producción, que están supuestamente a punto de convertir a EEUU en una “nueva Arabia Saudí”.
Si eso es verdad, sería la peor, que no la mejor, de las noticias. En un mundo en el que lo que se suele tomar por buena noticia garantiza cada vez más un futuro de pesadilla, una “independencia” energética de ese tipo significa la extracción de cada vez más energía extrema, con cada vez más dióxido de carbón escapando hacia el cielo y cada vez más daños planetarios en nuestro futuro colectivo. Este no era el único camino de que disponíamos, ni siquiera para las Grandes del Petróleo.
Con sus asombrosas ganancias, en algún momento podían haber concluido que el futuro que estaban asegurando era mucho más que peligroso. Con inversiones masivas, podían haber abierto el camino a auténticas energías alternativas (solar, eólica, de las mareas, geotérmica, de las algas, y quién sabe qué más), en vez las mínimas efectuadas, a menudo con propósitos propagandísticos. Podían haber apoyado un esfuerzo amplio para buscar otras vías que podrían, en décadas venideras, haber ofrecido algo parecido a los niveles de energía que los combustibles fósiles nos proporcionan ahora. Podían haber trabajado para conservar las reservas de energía extrema, que por lo general están en lo más profundo de la Tierra.
Y podríamos haber tenido un mundo diferente (del que, por cierto, se habrían sin duda podido beneficiar muy bien). En cambio, tenemos el equivalente a la situación de una tabacalera pero a escala planetaria. Para completar la analogía, imaginen por un momento que estaban planeando producir incluso cantidades más prodigiosas no de combustibles fósiles sino de cigarrillos, sabiendo el daño que causarían en nuestra salud. Así pues, imaginen que, sin excepción, cada ser humano de la tierra se viera obligado a fumar varios paquetes al día.
Si eso no es un ataque terrorista –o terrarista- de alcance casi inimaginable, ¿qué es, entonces? Si los ejecutivos del petróleo no son terraristas, ¿quién lo es? Y si eso no convierte a las Grandes del Petróleo en empresas criminales, entonces, ¿cómo definirían ese término?
Destruir nuestro planeta con premeditación y alevosía, teniendo sólo en mente la más inmediata obtención de ganancias, teniendo en mente sólo su propio confort y bienestar (y de sus accionistas): ¿No es ese el máximo crimen? ¿No es eso un terracidio?
[Nota: Gracias a mi colega y amigo Nick Turse por ofrecerme la palabra “terracidio ”].
Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture”, una historia sobre la Guerra Fría y otros aspectos, así como de la una novela: “The Last Days of Publishing” y de “The American Way of War: How Bush’s Wars Became Obama’s” (Haymarket Books). Su último libro, escrito junto con Nick Turse es: “Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050.
Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175703/
Ecología y política: cómo salir de la crisis
Víctor M. Toledo

S
i estamos inmersos en una crisis de civilización, tesis formulada hace dos décadas hoy casi unánimemente aceptada, las vías para superarla no pueden venir sino de posiciones críticas inéditas, construidas desde nuevas epistemologías, y que conllevan una praxis política totalmente diferente a la asumida por los movimientos de vanguardia, incluyendo los más avanzados. Hasta donde alcanzo a mirar, la única corriente que logra realizar una crítica completa a la civilización moderna es aquella que, sin proponérselo, se finca en lo que podemos denominar una ecología política. Esta parte de un principio formulado en la década de los setentas por G. Skirbekk (Ecologie et marxismeL’Espirit, 1974): la transformaciones sociales ya no pueden explicarse a partir de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino entre esas y las fuerzas de la naturaleza.
Cuarenta años después, la humanidad se enfrenta a una crisis múltidimensional de entre las cuales la crisis ecológica, representada por el calentamiento global y su conjunto de secuelas climáticas, es sin duda la más amenazante y peligrosa y, por tanto, la que requeriría de la mayor atención. Esta amenaza, que pone en entredicho todo el andamiaje de la civilización industrial, requiere repensar los principales postulados y valores del mundo actual, pero centralmente cuatro, para: 1) saber coexistir con la naturaleza y sus procesos en todas las escalas; 2) vivir sin petróleo y los otros combustibles fósiles (que son la causa principal del desbalance climático); 3) construir el poder social como contrapeso al poder político y al poder económico (lo cual supone entre otras cosas decir adiós a los partidos políticos, a los bancos y a las gigantescas corporaciones) y, en íntima aleación con lo anterior, 4) salir del capitalismo. Estos cuatro objetivos se hallan ineludiblemente conectados y están recíprocamente condicionados.
La percepción inmediata, lo que la piel de un individuo registra cuando hablamos de capitalismo, es aquella representación de una maquinaria gigantesca, global, inconmensurable, imposible de detener y todopoderosa, que lo tritura y lo arrasa todo. Y sin embargo, su presencia en el mundo globalizado de hoy no es ni total ni absoluto. Por el contrario, existen fisuras, islas, burbujas, tendencias a contracorriente que no sólo existen, sino que crecen sigilosamente por todo el mundo al ritmo en que la crisis de civilización se hace más presente. Boaventura de Sousa Santos le ha llamado la globalización contrahegemónica. Esto tiende a ser ocultado por los medios de comunicación de masas (televisión, prensa, radio), porque conlleva un muy alto valor subversivo. Salir del capitalismo es un imperativo para la supervivencia de la humanidad, de la vida y del planeta.
Construir el poder social supone organizar en la vida cotidiana la emancipación civlizatoria. Casi cadainstitución procreada bajo la lógica del capital puede hoy ser confrontada porinstituciones alternativas, las cuales requieren de una sencilla fórmula secreta: resistencia y organización social en plena solidaridad y alianza con la naturaleza. Frente a las empresas y corporaciones existen las cooperativas donde no hay patrones, sólo socios. Frente a los bancos (basados en la usura) aparecen las cajas de ahorro y los bancos ciudadanos. Frente a la producción agroindustrial de gran escala la pequeña producción familiar o comunitaria fincada en la agroecología. Frente a la circulación desbocada de las mercancías las redes de intercambio directo y en corto entre productores y consumidores, y la autosuficiencia local, municipal, regional. Frente a los megaproyectos los diseños de pequeña escala. Frente a la especulación financiera, la creación de monedas alternativas y el trueque. En fin, frente a una racionalidad basada en el individualismo, la competencia y la acumulación de riqueza material, una ética fundada en la solidaridad, la reciprocidad, el bien colectivo y la supervivencia de la especie.
Pero hay algo más. Debemos al pensador franco-austriaco André Gorz una reflexión iluminadora, que confirma que esos procesos emancipadores se ven facilitados por la propia crisis del capital. En su artículo, el último de su vida, La salida del capitalismo ya comenzó (Revue de Ecologie Politique, 28/10/08) establece que el asunto no es si estamos frente al fin del capitalismo, sino si su salida será por una vía bárbara ocivilizada. Tres tesis fundamentan su idea. El capitalismo no sobrevive por la crisis ecológica y porque para su reproducción requiere ya de una economía ficticia, la especulación financiera, que es la mercantilización de lo que viene… pero que no existe. La tercera afirma que la innovación tecnológica (informática, telecomunicaciones, geomática, etcétera) abre las puertas a procesos de producción, circulación y consumo no controlables, que atentan contra el monopolio, la propiedad privada y las patentes. La autoproducción induce circuitos y canales ciudadanos o sociales, autonomía, autosuficiencia y autogestión.
Si usted puede producir en su casa o en su taller un disco, una película, un instrumento, un servicio o un producto e insertarlo en el mercado; generar sus propios alimentos, su agua y su energía, o bien organizar con otras familias o socios una red, una cooperativa o una pequeña empresa; si su familia puede sobrevivir sin dinero, sin usar los bancos, sin creer en los partidos políticos, y además tiene conciencia social y ambiental, ¡enhorabuena!, usted es un militante de lo contrahegemónico, llámesesustentabilidad, descrecimiento, buen vivir o eco-socialismo. Usted está contribuyendo a salir de la crisis. Y como usted hay millones haciendo lo mismo, y millones que buscan hacerlo. Eso lo veremos en una próxima entrega.


Servicios ambientales y su propuesta de mercantilización y financierización de la naturaleza: Bosques, monocultivos de árboles y la 'economía verde'



En el año en el que tendrá lugar la conferencia Rio+20 sobre medio ambiente, el WRM quiere brindar información sobre los temas que prometen ocupar un lugar privilegiado en la agenda, Entre ellos están los servicios ambientales y los fenómenos relacionados, como el pago en servicios ambientales y su comercio. Muchas personas consideran complejo este tema, tal como ocurre con temáticas semejantes, como REDD, REDD+ y el 'mercado de carbono'. Pero, ¿se trata de temáticas realmente tan complejas? O ¿son intencionalmente presentadas de una forma 'compleja' para que la mayor parte de la población no las discuta, y el debate quede en manos de los llamados 'especialistas'?
Introducción
En el año en el que tendrá lugar la conferencia Rio+20 sobre medio ambiente (1), el WRM quiere brindar información sobre los temas que prometen ocupar un lugar privilegiado en la agenda de dicho evento mundial. Entre ellos están los servicios ambientales y los fenómenos relacionados, como el pago en servicios ambientales y su comercio.
La razón para abordar este tipo de tema reside en el hecho de que muchas personas lo consideran complejo, tal como ocurre con temáticas semejantes, como REDD, REDD+ y el 'mercado de carbono'. Pero, ¿se trata de temáticas realmente tan complejas? O ¿son intencionalmente presentadas de una forma 'compleja' para que la mayor parte de la población no las discuta, y el debate quede en manos de los llamados 'especialistas'?
Defendemos que los servicios ambientales y los fenómenos relacionados sean discutidos por todos/as, principalmente porque las instancias oficiales que preparan la conferencia de Rio +20 -en especial la Organización de las Naciones Unidas (ONU)- los colocan en un lugar central. Esos organismos afirman que la continuidad de la prestación de servicios ambientales, garantizados en gran medida por los bosques tropicales, y en el futuro el 'comercio de servicios ambientales' son fundamentales para la humanidad, y que la única forma de proteger a dichos servicios ambientales sería ponerles un precio. Pero, ¿qué hay detrás de esa perspectiva y cuáles son sus consecuencias, en relación sobre todo a las comunidades que viven en los bosques y dependen de ellos?
Este artículo busca tratar estas cuestiones, porque el comercio en servicios ambientales tiene grandes consecuencias, ya que implica una profundización del proceso de mercantilización (2) y financierización (3) de la naturaleza. Significa un avance, nunca antes visto, del neoliberalismo sobre el 'capital natural', con la privatización de la naturaleza y la aplicación del principio del derecho de propiedad a algo que se llama servicios ambientales en los bosques tropicales, así como en otros ecosistemas.
Los defensores de la idea de los servicios ambientales afirman además que las plantaciones de árboles -que sus promotores llaman 'bosques plantados'- son proveedoras estratégicas de servicios ambientales, como carbono, energía, mejora del ciclo hidrológico y de la biodiversidad.
1.¿Qué son los servicios ambientales, el pago por servicios ambientales y el comercio de servicios ambientales?
El 'servicio ambiental', también conocido como 'servicio ecosistémico', incluye en su nombre el sustantivo 'servicio', un término bastante utilizado en la economía capitalista de mercado, en la que actúan empresas y profesionales que prestan los más variados servicios y cobran por ellos. Por lo tanto, el 'servicio ambiental' sugiere que tiene, por un lado, algo o alguien que lo presta o lo brinda y, por el otro, alguien que lo recibe y lo utiliza. Esta lógica parece aplicarse también al caso del 'servicio ambiental' y a su 'comercio'.
Sin embargo, hay algo peculiar cuando se habla del 'servicio ambiental': no lo 'da' una persona o una empresa, es simplemente 'ofertado' por la naturaleza que lo brinda de forma gratuita. Los defensores de los servicios ambientales ponen como ejemplo a áreas de bosque que, debido a su vegetación densa, logran 'almacenar' y 'producir' el 'servicio ambiental' agua que, a su vez, garantiza el abastecimiento de una aldea indígena que vive en ese bosque y de una pequeña localidad en sus proximidades. Parece que la 'naturaleza' está, en este caso, siendo transformada en una especie de ¡'fábrica de agua'! Como veremos más adelante, hay muchos intereses corporativos vinculados a ese proceso.
La bióloga estadounidense Gretchen Daily, una defensora de la idea de los servicios ambientales, formuló su concepción sobre el tema de la siguiente manera: "las condiciones y los procesos a través de los cuales los ecosistemas naturales y las especies que los forman sustentan y realizan la vida humana". Ella argumenta que los servicios ambientales aseguran la biodiversidad de los ecosistemas y terminan siendo 'bienes' como madera, alimentos, plantas medicinales que, a su vez, son transformados en productos importantes para la vida humana (4).
Otros autores (5), de Europa y de EEUU, hablan de 'funciones ambientales', no sólo pensando en los 'servicios prestados' al ser humano, sino de 'funciones' esenciales para mantener la vida en el planeta, tales como:
- funciones de regulación: se trata de funciones que regulan los procesos ecológicos y los sistemas que dan soporte a la vida en el planeta. Son estas funciones las que brindan al ser humano directa o indirectamente muchos servicios benéficos, como agua y aire limpios, suelo fértil y control biológico de plagas;
- funciones llamadas de 'hábitat': se relacionan con la función de los ecosistemas naturales de asegurar un refugio y las condiciones para la reproducción de plantas y animales silvestres, lo que contribuye a la conservación de la diversidad biológica y genética;
- funciones productivas: incluyen el proceso de crecimiento, incluso la absorción de carbono (CO2) y de nutrientes del suelo y la producción de biomasa. Esto implica muchos alimentos, materias primas para todo tipo de uso y fuentes de energía para las comunidades;
- funciones de información y otras que implican oportunidades de reflexión, enriquecimiento espiritual y ocio.
Se habla de pago por servicios ambientales cuando alguien paga una determinada suma de dinero, un precio por un determinado 'servicio ambiental' prestado. Obviamente, la naturaleza, en el ejemplo del bosque que 'almacena' y 'produce' agua, no tiene una cuenta bancaria para recibir el dinero por haber 'prestado' ese 'servicio'. Es por ello que los defensores de la idea afirman que es necesario que haya alguien o alguna institución que reciba el pago, pero siempre con la condición de ser el 'dueño' de dicho bosque, y también alguien dispuesto a comprar el servicio, iniciándose así el comercio de servicios ambientales.
Pese a existir muchos otros ecosistemas además de los bosques, como el cerrado, las pasturas naturales y los mares, los bosques son, sin dudas, el ecosistema principal cuando se trata de proyectos de pago y comercio de servicios ambientales, según afirman los defensores de la idea. Esto se debe al hecho de su enorme riqueza en términos de biodiversidad y, por lo tanto, de su gran cantidad de 'servicios prestados', como la conservación del agua y la absorción y el almacenamiento de carbono, entre otros aspectos.
Dentro de los bosques hay cientos de millones de personas, los pueblos del bosque, que dependen totalmente de ellos para su supervivencia física y cultural. Una habitante de la comunidad de Katobo, que vive en el bosque localizado al este de la República Democrática del Congo, territorio de Walikali, relata cuál es el significado del bosque para ella:
"Somos felices con nuestro bosque. En el bosque recogemos leña, cultivamos alimentos y comemos. El bosque nos da todo, legumbres, todo tipo de animales y eso nos permite vivir bien. Es por eso que somos muy felices con nuestro bosque, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Y nosotras, las mujeres, precisamos especialmente del bosque, porque es allí donde encontramos todo lo que es necesario para alimentar a nuestras familias. Cuando oímos que el bosque podría estar en peligro nos preocupamos, porque nunca podríamos vivir fuera del bosque. Y si alguien nos dijera que tenemos que abandonar el bosque sentiríamos mucha rabia, porque no nos podemos imaginar una vida que no sea dentro de un bosque o cercana a él. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos agricultura y también caza; las mujeres sacan cangrejos y peces de los ríos. Tenemos diversos tipos de legumbres, y también plantas comestibles del bosque, y frutas, todas las cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas y todo lo que precisamos." (6)
Sin embargo, la idea de los servicios ambientales es muy diferente de la visión manifestada en esta declaración. El comercio de servicios ambientales, por ser un negocio entre un vendedor y un comprador, es un mecanismo de mercado en el que la naturaleza se transforma en 'unidades cuantificadas, en bienes comerciables, también llamados 'certificados', 'títulos' o 'activos'. Y aún más, presupone la idea de lucrar con ese comercio y de poder destruir los servicios ambientales en un lugar siempre que dicha destrucción se relacione con una 'protección', 'recuperación' o 'mejora' en otro lugar. Por lo tanto, el comercio de servicios ambientales es algo radicalmente diferente a la forma en la que los pueblos siempre valorizaron al bosque.
2. ¿Cómo surge la idea de los servicios ambientales?
Para comprender el surgimiento y la elaboración de la idea de los servicios ambientales es importante comentar, por lo menos, dos fuertes crisis de la década de 1970 que involucraron a los países industrializados del Norte, principalmente a EEUU y a Europa: una fue la crisis ambiental y la otra, una crisis en la economía capitalista.
En aquella década, los problemas ambientales con situaciones gravísimas de contaminación y degradación ambiental comenzaron a surgir con más fuerza en muchos países del hemisferio Norte, los más industrializados, pero también y con mucha fuerza en los países del hemisferio Sur. Científicos y ambientalistas comenzaron a alertar sobre la explotación y el uso, hasta entonces considerado ilimitado, de madera, minerales, petróleo, agua limpia, etc. y también acerca de la contaminación y degradación resultantes. O sea, estaban señalando los límites de la explotación predatoria da la naturaleza y de sus 'riquezas'.
Esto estaba directamente vinculado a un nivel nunca antes visto en la humanidad de producción y consumo de productos industrializados, sobre todo en los países capitalistas del Norte, donde las economías, basadas en combustibles fósiles como petróleo, crecieron de forma espectacular en las décadas de 1950 y 1960, y aumentaron exponencialmente el consumo masivo en tales países. Cabe destacar que esta ha sido y continúa siendo la situación para una minoría de la humanidad, a expensas de la mayoría de la población que vive en el Sur. Si los países del Norte enfrentaron una crisis ambiental, esta ocurrió también o inclusive más en los países del Sur, donde se concentraba (y aún se concentra) la explotación y la extracción de recursos naturales. Las poblaciones que vivían en los alrededores de dichas áreas y eran dependientes de tales recursos para su supervivencia fueron los más afectados por la crisis ambiental.
Como respuesta a esa crisis, primero reaccionaron los biólogos del Norte que, preocupados en cómo preservar la naturaleza y revertir el proceso de degradación, comenzaron, dentro de la lógica vigente de la economía liberal, a atribuir a la naturaleza el papel de prestador de 'servicios ecosistémicos', con la idea de que sería necesario darle más valor a la naturaleza para salvarla. Posteriormente, a fines de la década de 1970, esa idea fue adoptada por un grupo de economistas capitalistas que introdujeron el concepto de 'servicios ecosistémicos' o servicios ambientales en la economía, y que estimaron para tales servicios un valor entre US$16 y 54 billones (7).
La idea de atribuir valor a la naturaleza dando un precio fue muy bien recibida por las organizaciones conservacionistas preocupadas en tener recursos para ampliar las áreas de preservación: "Es el momento de reconocer que la naturaleza es la mayor empresa mundial que trabaja para beneficiar al 100 por ciento de la humanidad- y que lo hace gratuitamente" (8), según afirmó Jean-Cristophe Vié, Director del Programa de Especies de la IUCN, la principal red global por la conservación de la naturaleza, formada por diversos actores, como gobiernos y ONGs, y financiado por gobiernos, agencias bi y multilaterales, organizaciones miembros y corporaciones (9).
La tragedia de los Comunes
La literatura sobre servicios ambientales hace muchas referencias a un artículo de Garret Hardin, llamado "La tragedia de los Comunes", en inglés titulado "Tragedy of the Commons", publicado en 1969, para justificar la necesidad de cercar a la naturaleza, de privatizarla como garantía de que no se acabará. En la visión de Hardin, el uso que las personas hacían de la naturaleza era un desastre porque, a pesar del beneficio individual de uso, acabaría con los 'comunes'. Hardin afirmaba, por eso, que un mundo limitado sólo soportaría un número limitado de personas; de lo contrario, el mundo natural acabaría destruyéndose. Ha sido un pretexto fundamental para culpar a las comunidades tradicionales locales por la destrucción de los bosques y justificar su expulsión, al tiempo que las actividades realmente destructivas, en nombre del 'progreso' y el 'desarrollo' por parte de grandes empresas y propietarios, fueron admitidas y apoyadas.
Sin embargo, según Fairlie et al. señalan (10), Hardin se basaba en una determinada área de naturaleza, por ejemplo un bosque, de libre acceso para todos/as, sin reglas definidas entre las personas sobre su uso. Lo que pasa es que esto no es lo común en la mayor parte de los países del Sur e inclusive en algunos lugares del Norte. A lo largo de la historia y hasta nuestros días, en muchas áreas de bosques tropicales y otros ecosistemas, en todo el mundo, las comunidades que vivían y viven en esos lugares suelen tener libre acceso a los bosques y a los ríos, con toda su riqueza, y los usan para su supervivencia, pero según un entendimiento y reglas comunes, que pueden ser simples y hasta bastante complejos, involucrando muchos aspectos. En ese sentido, no podemos considerar esas áreas como privadas, ni como públicas.
Lo que vemos que está ocurriendo en el mundo es un proceso, iniciado mucho antes del artículo de Hardin, de cercenamiento creciente de esas comunidades, de los grupos de personas que, con libertad, solían usar los bosques, los ríos, los mares, para gradualmente ser incorporados al mercado, al sistema económico dominante que busca apropiarse de los 'recursos naturales': madera, minerales, petróleo, etc. en función del lucro y causando destrucción. La idea de los servicios ambientales surge como un paso más en tal proceso.
En la década de 1970, la profundización del proceso de privatización de la naturaleza fue considerada una excelente solución, tanto por las ONGs conservacionistas, preocupadas con la supervivencia de los bosques y otros ecosistemas y buscando recursos para ello, como también por los principales gobiernos capitalistas del Norte, liderados por Estados Unidos, que buscaban nuevas formas para lucrar en un momento de crisis económica. Buscaban salidas que pudieran sortear la crisis y beneficiar a sus grandes corporaciones. Fue a partir de ese momento que comenzó a crecer el capital especulativo, que ganó desde entonces cada vez más terreno en la economía globalizada.
El capital especulativo
En 1944, al final de la Segunda Guerra Mundial, un acuerdo monetario entre los principales países capitalistas del mundo, firmado en la ciudad estadounidense de Bretton Woods, estableció que, a partir de ese momento, el dólar de Estados Unidos sería la moneda internacional. Ello significaba que el dólar serviría como modelo monetario para todas las transacciones comerciales y financieras entre las naciones, pero, para eso, el Banco Central de Estados Unidos tendría que mantener un fondo de reserva en oro correspondiente al volumen de dólares emitidos. De esta forma, todas las monedas de los demás países pasaron a tener una paridad fija con el dólar, lo que mantendría una convertibilidad directa con una cantidad fija de oro, asegurando el depósito en oro para asegurar el valor del papel moneda para las transacciones internacionales de ahí en adelante.
Sin embargo, a comienzos de los años 1970, debido a la caída en las tasas de ganancia de las grandes empresas estadounidenses, el gobierno de Estados Unidos decidió no aceptar más esa convertibilidad entre el dólar y el oro. Significó el fin del sistema monetario internacional con base en el modelo oro. Hasta ese entonces, el dinero en circulación era, principalmente, capital productivo, o sea, capital que resultaba de actividades productivas concretas, por ejemplo, de la producción industrial y de la agricultura. Pero a partir de aquel momento, comenzó a circular cada vez más 'dinero' en la forma del llamado capital especulativo, el capital que está a la búsqueda de ganancias pero que no contribuye a la producción, por ejemplo, en las bolsas de valores, en los 'títulos' de la deuda externa y en los intereses sobre esos 'títulos', etc.
Curiosamente, aunque no involucre ninguna actividad productiva concreta, las ganancias obtenidas de esta manera son reales dentro del sistema financiero internacional y los grandes capitalistas, como bancos y corporaciones, consiguieron nuevamente aumentar sus tasas de ganancia, pero con actividades especulativas (11). Hoy en día, el valor del capital especulativo, representado en acciones en las bolsas y en otros tipos de certificados, activos o títulos comercializables, supera ampliamente el valor del capital productivo. Es la lógica de ganar dinero 'sin hacer nada'.
El crecimiento del capital especulativo está estrechamente vinculado al surgimiento del neoliberalismo, con sus políticas de privatización y una economía de libre mercado, pero con un Estado muy actuante a favor de las grandes empresas. Las políticas de apoyo explícito a la iniciativa privada contribuyeron en mucho a hacer crecer las deudas financieras millonarias de los países del Sur, así como la explotación, extracción y privatización de los 'recursos naturales'. Quien pagó caro por ello fue la población de esos países.
En los últimos años, la especulación financiera cada vez se apodera más de la economía, incluso a través de los servicios ambientales, buscando crear nuevas 'commodities' a partir de la naturaleza para ser 'comercializadas'; lo que podemos denominar como un creciente proceso de 'financierización' de la naturaleza, que fue muy incentivado por la última crisis económico-financiera de 2007-2008. A partir de esta crisis, en vez de que los gobiernos por lo menos regularan los mercados financieros, estos mercados buscaron 'diversificar' sus 'inversiones', por ejemplo, con la inversión en servicios ambientales, pero también en otras áreas, como el mercado de tierras. Es por eso que los especialistas del mercado financiero están dedicando mucho más tiempo a buscar formas de incorporar a los servicios ambientales en los mercados financieros, a la búsqueda de nuevos lucros (12).
3. ¿Cómo asignar un precio a los servicios ambientales y a quién le interesa?
¿Cómo establecer el precio de los servicios ambientales? ¿Cómo definir, por ejemplo, cuánto vale el 'almacenamiento' y la 'producción' del agua o el 'trabajo' de polinización realizado por insectos? Este ha sido un gran obstáculo para quienes han buscado promover los servicios ambientales y su comercio.
Dos iniciativas fueron muy importantes para que los defensores de los servicios ambientales pudieran encontrar formas para asignarles un precio (13):
La "Evaluación Ecosistémica del Milenio" (Millenium Ecossystem Assessment), www.milleniumassessment.org, publicada en 2005, apoyada por la ONU, y para la que trabajaron 1300 investigadores. La publicación evaluó que la mitad de los 'servicios ambientales' del mundo está en proceso de degradación o siendo usada de forma insustentable. La investigación (14) resultó tener un aumento exponencial de los estudios sobre cómo asignar precio a los 'servicios ambientales' y puso esa cuestión en la agenda de la política de protección a la biodiversidad.
Otra iniciativa internacional crucial es "La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad", TEEB por su sigla en inglés, http://www.teebweb.org/) en el contexto de la iniciativa de la 'economía verde', del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), de 2008. Este estudio busca crear una forma, una metodología, para definir el valor económico de la biodiversidad. TEEB intenta 'resolver' lo que se dice que es sólo una 'falla del mercado', o sea, el tratamiento destructivo hasta entonces dado por el capitalismo de mercado a los 'bienes comunes' de la naturaleza en función del lucro. Esto, en términos económicos, se conoce como 'externalizar' los costos ambientales. La forma en que la naturaleza se trata en el sistema capitalista llevaria a su total destrucción, en la línea de Garret Hardin, según fue mencionado anteriormente. Sin embargo, la nueva propuesta, realizada dentro de la misma lógica de mercado, no es apenas la preservación de la naturaleza, sino hacer de ella un negocio y hasta una forma de justificar la destrucción en otro lugar. El TEEB y su lógica fueron bien recibidos en el Plan Estratégico de la Convención de la Diversidad Biológica (CBD) para 2020, que incluye metas de protección para los diferentes ecosistemas (15).
El estudio TEEB fue coordinado, no por un biólogo ni por un ecólogo sino por un banquero, Pavan Sukhdeve, ejecutivo del Deutsche Bank (Banco Alemán), que actuó en la cuestión de la valorización económica para el Foro Económico de Davos (16). Él se refiere a la biodiversidad como "un nuevo mercado millonario" (17).
La lógica principal en la monetización de los servicios ambientales es que esos pagos son capaces de compensar por el llamado 'costo de oportunidad'. Este término clave de la economía se refiere al costo de algo en términos de una oportunidad renunciada (18). Por ejemplo, los defensores de los servicios ambientales ejemplifican que el costo de la preservación de un área de bosque como parque nacional sería establecido por el precio de la madera no vendida si la opción es la preservación. Se cuestiona que, en este caso, la 'mejor oportunidad alternativa' es una 'alternativa' totalmente parte del sistema de producción y consumo vigente y que, además, es una de las causas directas de la deforestación de los bosques tropicales.
Pero mientras el costo de la madera puede ser calculado con cierta facilidad, dentro de la lógica del mercado, es obvio que el costo de la 'producción' de agua por el bosque o, por ejemplo, el costo del 'refugio' ofrecido por el bosque a ciertas especies, la 'formación' de la belleza de un río o de un paisaje son mucho más difíciles o inclusive imposibles de ser calculados. Hasta los defensores de los servicios ambientales lo reconocen.
Hasta hoy, lo que más avanzó y es mejor conocido como 'servicio ambiental' es el 'servicio' del carbono, lo que ya llevó a la creación de su propio 'mercado de carbono".
La 'comercialización' del carbono
Desde el momento en que se firmó el Protocolo de Kyoto en 1997, fue oficializado el mercado del 'servicio ambiental' de carbono. El Protocolo creó para los países industrializados que deben cumplir con metas de reducción de emisiones la opción de seguir contaminando y 'compensar' sus emisiones de carbono a través del establecimiento de un proyecto de reducción de las mismas, llamado de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) que debe llevarse a cabo en algún país del Sur, considerado 'en desarrollo'. Basado en el Protocolo de Kyoto, la Unión Europea (UE), en 2005 estableció el Esquema de Comercio de Emisiones (EU ETS por sus siglas en inglés).
Uno de los principales problemas con este mecanismo supuestamente de 'compensación' es que el carbono emitido a partir de la quema de combustibles fósiles en las industrias del Norte puede ser quizás igual a la molécula de carbono almacenado, por ejemplo, en una plantación de árboles en África; pero son climatológicamente diferentes, pues el CO2 de la quema de combustibles en los países del Norte aumentará la cantidad total de carbono en circulación entre la atmosfera, la biósfera (árboles, plantas, suelos) y los océanos. El resultado final es más carbono y con ello un agravamiento de la crisis climática y ambiental. El mercado de carbono se transformó así en una enorme distracción del problema real y en una postergación de la solución central para el mismo: dejar el petróleo y otros combustibles fósiles en el subsuelo porque ese tipo de extracción y quema es, por lejos, la principal causa del problema (19). Además, por ejemplo, en la Unión Europea, a pesar de que el EU ETS haya tenido una meta de 1-2% de reducción de emisiones de contaminantes en el primer período (2005-2007), las emisiones en el sector industrial aumentaron en el mismo período un 1.9% (20).
Paralelamente a las iniciativas oficiales en el ámbito del Protocolo de Kyoto, se desarrolló también un mercado llamado 'voluntario', en el que hay iniciativas entre dos partes, por ejemplo, empresas que plantan árboles en el Sur y empresas en el Norte interesadas en comprar los créditos de carbono supuestamente almacenados en esos árboles.
Específicamente para bosques, en Bali, en 2007, fue lanzado oficialmente el mecanismo REDD, y posteriormente, el REDD+ y el REDD++. Se trata de otro servicio ambiental vinculado al carbono que almacenan los bosques, creado supuestamente como solución para la crisis climática actual. Sin embargo REDD, al igual que los MDL, son mecanismos de compensación con créditos de carbono que serán comercializados en el mercado, que no sirven como solución para la crisis climática y provocan graves impactos para los pueblos, como restricciones al uso del bosque y hasta la expulsión de comunidades (21).
Otro problema con proyectos REDD y MDL es que la 'contabilidad' y el monitoreo del 'activo' negociado -cantidad de carbono almacenado- tiende a exigir cada vez más dinero, beneficiando a unas pocas empresas de consultoría que hacen cálculos de algo imposible de ser calculado con precisión (22).
El 'mercado en carbono' se desarrolló más que los mercados en otros servicios ambientales debido a la relativa importancia de la crisis climática a nivel internacional, incluso con las numerosas conferencias específicas sobre el tema, llamadas COPs (Conferencias de las Partes), siendo la última la que tuvo lugar en Durban, Sudáfrica. Pero, como la experiencia muestra, el 'mercado de carbono' tiene muchos problemas y no contribuirá a la resolución de la crisis climática, sino todo lo contrario.
En la práctica, encontramos diferentes formas de esquemas de 'pagos por servicios ambientales'. Supriya Singh presenta el caso de dos comunidades en India como un ejemplo de pago por servicios ambientales "de abajo hacia arriba". En este caso, las comunidades de Kuhan y Ooch en el Himalaya indio hicieron un acuerdo sobre el 'servicio ambiental' agua. Para garantizar el recurso hídrico en sus actividades agrícolas, Kuhan había construido una pequeña represa, que se obstruyó debido a la acumulación de arena resultante de la erosión río arriba, causada por ganado de la comunidad de Ooch que estaba pastando intensivamente en las áreas próximas. Según el acuerdo, el ganado de la comunidad de Ooch dejó de pastar durante ocho años mientras la comunidad de Kuhan le pagaba a Ooch, incluso por el plantío de árboles para combatir la erosión. Las dos comunidades en su totalidad participaron del proceso y el acuerdo era discutido y conocido por todos/as (23). A diferencia de los estudios ya citados a la búsqueda de 'cuantificación' de los servicios ambientales, en ese caso no fue necesario establecer una cuantificación de las 'unidades' del 'servicio'. Hubo un acuerdo para la recuperación del río a partir de un problema ambiental sentido por una de las dos comunidades. Se puede incluso imaginar que ese tipo de problema y acuerdo local no son nuevos en la historia de las comunidades humanas y su uso de la naturaleza.
Lo que parece ser una novedad son los proyectos con servicios ambientales que han surgido en los últimos años y que tienden a involucrar el comercio en servicios ambientales a una escala global. No involucra directamente a las comunidades locales, sino a actores como empresas, consultores, bancos privados, fondos de inversión, grandes ONGs conservacionistas e inclusive Estados. Consideran este 'negocio' como una nueva oportunidad para lucrar. En este caso, la garantía de la 'prestación de servicios ambientales' se terceriza a un banco, una ONG conservacionista o empresa privada, que preserva el área y, consecuentemente, preserva determinados servicios ambientales que pueden ser vendidos a otros inversionistas o empresas, o justifica la destrucción en otros lugares. En este caso, la lógica es que el dinero ayuda en la preservación del bosque, pero no deja de ser también una inversión. El acuerdo establece de qué forma el lucro será repartido (24).
Un ejemplo es Malua Wildlife Habitat Conservation Bank (MWHCB) en Malasia. Este banco estatal recibió del Estado una reserva forestal por un periodo de 50 años. El banco resolvió dividir el área en bloques de 100m2 y comenzó a vender títulos llamados "Certificados de Conservación de la Biodiversidad". El 'bien' comerciable en los 100m2 se llama "restauración y protección forestal". Según el banco, el objetivo es rehabilitar y conservar la reserva de forma "comercialmente competitiva". La previsión es que los US$10 millones de inversión inicial para la rehabilitación de toda la reserva será superado en 6 años con la venta de certificados, y que también se cree un fondo (The Malua Trust) para financiar la conservación a largo plazo durante los otros 44 años del contrato. Los eventuales lucros de la venta de los certificados de biodiversidad se repartirán entre el Banco y el inversionista. En este caso, la preservación del área no representa una compensación contra la destrucción del bosque en otro lugar, como es el caso del 'mercado de carbono' (25).
Pago por Servicios Ambientales - ¿Compensación o no? ¿Especulación o no?
En un primer momento, el PSA puede parecer diferente a los mecanismos de comercio de carbono como el MDL o el REDD+, en el sentido de que no se trata necesariamente de 'compensación' por una degradación/contaminación ambiental en otro lugar. Quizás sea por eso que se oye hablar mucho del PSA como un término 'simpático', que 'reconoce' el 'esfuerzo' de la naturaleza y que no sugiere comercio, destrucción o contaminación en otro lugar.
Sin embargo, todo indica que la tendencia es decir sí al comercio y que los recursos necesarios para proyectos de PSA sean movilizados exactamente a partir de empresas (multinacionales) que practican actividades destructivas y buscan o son forzadas a hacer algún tipo de 'compensación' por ello. Si estas empresas adquirieran áreas en las que pretenden preservar la naturaleza y vender 'servicios ambientales' como la biodiversidad, podrían usar este servicio 'comerciable' para compensar las propias actividades destructivas, como la extracción de minerales, de petróleo, etc. y/o venderlos en la forma de 'créditos'. El mismo plan TEEB, citado anteriormente, considera también una posibilidad, o en el lenguaje de los empresarios, 'oportunidad', de uso de servicios ambientales en la forma de mecanismo de 'compensación' por destrucción.
Para administrar ese 'negocio', se creó un nuevo tipo de profesión: 'gerentes de títulos/certificados comerciales de preservación' (26). Las bases legales para ese PSA como 'compensación' se están creando en varios países. Por ejemplo, en Brasil se busca aprobar la reforma del Código Forestal, la ley que rige el manejo de los bosques, y un planteamiento para amnistiar a quienes talaron ilegalmente en sus propiedades, con la propuesta de que compensen la destrucción por medio de la protección de áreas de bosques intactos. En ese sentido, se negociarán los primeros 'activos' de la llamada Bolsa Verde en Río de Janeiro durante la conferencia Rio+20. El presidente de la iniciativa es Pedro Moura Costa, un consultor con muchos años en el rubro del comercio de carbono. Si bien el objetivo de esta nueva Bolsa de Valores inicialmente es el comercio de 'créditos de carbono', la idea es incluir también otros 'activos' como la "reposición forestal". Moura cuestiona: "El Código Forestal está obligando a los propietarios a que se adecúen a la reserva legal. ¿Será más barato que cree la reserva o que compre títulos en la bolsa?" (27)
La creciente lógica de destrucción y comercio que involucra a los servicios ambientales puede llevar fácilmente a esquemas perversos en los que prevalece siempre el lucro financiero. Por ejemplo, una empresa minera puede tener, por un lado, acciones de preservación de la naturaleza con proyectos de PSA, inclusive REDD+, que afectan a pueblos del bosque en el sentido de restringir su acceso a las áreas destinadas a 'prestar servicios' del tipo PSA/REDD+. Al mismo tiempo, la empresa puede mantener sus acciones destructivas de minería en la misma región de bosques, y afectar nuevamente a pueblos del bosque, pero haciendo propaganda de que está 'compensando' por sus impactos ambientales negativos. Finalmente, la empresa también puede vender algún 'crédito de carbono' o 'servicio ambiental' que 'haya sobrado' después de hacer 'las cuentas' entre la 'preservación' y la destrucción, y vender estos servicios en la forma de créditos o activos a otra empresa, por ejemplo en EEUU o en Europa, que, a su vez, quiere compensar un aumento en su actividad contaminadora, afectando también a comunidades próximas, que a menudo son las que viven en las condiciones más precarias, como los pueblos indígenas y las comunidades negras en EEUU y Canadá.
Con el objetivo de aprovechar la ola creciente del comercio en servicios ambientales, surgieron en los últimos años empresas especializadas en este rubro, con nombres como "Feria del Ecosistema" ('Ecosystem Marketplace'), "'Bancando' Especies" ( 'Species Banking') y "Capital de dosel" ('Canopy Capital'). Esta última empresa, vinculada a una alianza que se llama Global Canopy Programme (GCP), firmó en 2008 un acuerdo con una organización guayanesa llamada Iwokrona International Centre for Rainforest Conservation and Development. Según el acuerdo, a lo largo de 5 años, Canopy Capital paga por proteger el bosque tropical a cambio de la 'propiedad' del ecosistema forestal y de una garantía de participación en cualquier lucro futuro. Los 'bienes comerciables' incluirían títulos o certificados de carbono, de potencial lluvia, de almacenamiento de agua, conservación del suelo, biodiversidad, regulación de clima y valores de la cuenca hidrográfica. Este proyecto serviría como modelo para Canopy Capital, incluso para la creación de un 'mercado global de servicios ecosistémicos de los bosques', destinado a obtener lucro. Lo que no quedó claro es cómo Canopy Captial, Iwokrana International Centre y las comunidades locales se repartirían los recursos, visto que el contrato era confidencial (28).
También intervienen las grandes ONGs conservacionistas como actores centrales en la promoción de este nuevo mercado de negocios como Conservación Internacional (CI), The Nature Conservancy (TNC) y el Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF). Estas grandes ONGs internacionales defienden a los servicios ambientales como una forma necesaria de generar y distribuir la financiación para actividades de preservación. La CI, por ejemplo, ofrece una tecnología llamada "Inteligencia Artificial para Servicios Ecosistémicos" (ARIES por su sigla en inglés). Se trata de una tecnología en internet, ofrecida a usuarios de todo el mundo para que los asistan en evaluaciones rápidas de 'servicios y valoración ambientales´ en escalas múltiples, desde un nivel regional hasta el nivel global (29).
Para que el comercio de servicios ambientales pueda funcionar bien, es necesario que haya una base legal para definir las reglas del juego. En EEUU y en Gran Bretaña ya existen reglamentaciones para ciertas áreas (30). En diferentes países del Sur, esas leyes y programas se están elaborando, frecuentemente con el asesoramiento de agencias y bancos de cooperación para el 'desarrollo' como USAID, KfW y GTZ en el caso de Ecuador (31), y de ONGs internacionales. En el estado de Acre, en Brasil, uno de los estados internacionalmente conocidos por estar más avanzado en relación a la introducción del comercio de servicios ambientales, la Asamblea Legislativa aprobó, sin ninguna participación popular, la Ley 2.308 de 22/10/2010, elaborada con la contribución de las ONGs norteamericanas Woods Hole Research Center y Forest Trends (32). La Ley crea el "Sistema Estatal de Incentivos a Servicios Ambientales (SISA)" y diversos programas de incentivos por 'servicios ambientales'. Desde su primer artículo, afirma que buscan "fomentar el mantenimiento y la ampliación de la oferta" de 'servicios ambientales', como el carbono, la conservación de la belleza paisajística natural, la sociobiodiversidad, el agua, etc. El artículo 6, párrafo único, prevé instrumentos para "establecer un acuerdo institucional estable", asegurando un "ambiente de confianza para (..) inversionistas". En Brasil, también en ámbito nacional, se están analizando leyes que rigen los 'servicios ambientales'.
4 - Plantaciones de monocultivos y el comercio por servicios ambientales
Las empresas que promocionan las plantaciones de monocultivos de árboles para celulosa, carbón, madera y otros fines han buscado mostrar, en la ola de crecimiento del PSA, que sus plantaciones también prestan servicios ambientales.
Quien ande por un monocultivo de eucalipto se preguntará ¿cuál sería ese 'servicio' en un área con un único tipo de plantación, sin otras plantas, sin animales, y que es blanco de un manejo agrícola convencional con aplicación de agrotóxicos y fertilizantes químicos?
No obstante, las empresas han logrado exitosamente vender la idea de que sus plantaciones absorben carbono. Un ejemplo es la empresa Plantar, de Minas Gerais, Brasil, que en 2010 consiguió que su proyecto de carbono, basado en plantaciones de monocultivos de eucalipto fuera reconocido oficialmente como proyecto MDL en el marco del Protocolo de Kyoto, a pesar de innumerables críticas (33). Otras empresas brasileñas de eucalipto han 'comercializado carbono' a través del mercado voluntario en la bolsa del clima de Chicago (CCX), la fundación holandesa FACE, ha plantado árboles en Ecuador para lograr 'vender carbono', causando problemas a las comunidades locales y al ambiente local (34). Hay empresas europeas que son activas también en África con la 'venta de carbono', como la noruega Green Resources, que promueve plantaciones de carbono, por ejemplo, en Tanzania, causando problemas sociales, ambientales y económicos (35).
Mientras tanto, las empresas y sus aliados buscan presentar evidencias de que las plantaciones ofrecen también otros servicios ambientales, contando con una gran ventaja: la FAO continúa usando una definición de bosque que considera a los monocultivos de árboles como 'bosques'. Con esta ventaja, se han hecho estudios para mostrar que las plantaciones de monocultivos de árboles, si son 'bien diseñados', podrían además del carbono brindar otros servicios ambientales como agua limpia, un hábitat para animales y leña para generar energía. Se busca el desarrollo de mecanismos para también asignar un precio a esos 'servicios' de plantaciones (36).
5. El debate de los servicios ambientales y Rio+20
Más recientemente, oímos hablar mucho más de los servicios ambientales, sobre todo en relación a las charlas preparatorias de la ONU y los gobiernos para la Cumbre de Rio+20, prevista para junio de este año. Para entenderlo, tenemos que hablar sobre la idea central que será tratada en esta conferencia: la 'economía verde'.
En las noticias sobre Rio+20, aparece con frecuencia la expresión 'economía verde'. Suena bien, pero es importante entender que se trata de una propuesta que surge en el contexto de una economía profundamente capitalista. Como las principales economías capitalistas están enfrentando una crisis financiero-económica muy grande, sobre todo en los últimos años, buscan salir de la crisis y encontrar alternativas para que sus empresas puedan nuevamente acumular capital y obtener más ganancias a partir de actividades productivas y también especulativas, o sea, conseguir lucro 'sin hacer nada'.
La ONU, a través del programa para el medio ambiente (PNUMA), está jugando un rol central con su iniciativa ´Economía Verde´, que incluye el estudio TEEB, citado anteriormente. El informe de la iniciativa fue publicado en 2011 con el título "Hacia una Economía Verde". Fue a partir de esa iniciativa que surgió la idea de un 'Nuevo Acuerdo Verde', adoptado por EEUU y otros países. Promete un escenario de 'ganar-ganar', porque se enfrentaría la crisis financiera/económica y climática con el redireccionamiento de las inversiones para lo que podemos llamar 'capital natural', además de invertir en nuevas tecnologías supuestamente limpias como el uso de la biomasa, y el 'mercado de carbono'.
En esa perspectiva, los servicios ambientales y su 'comercialización' se tornaron algo muy central, un verdadero pilar de la 'economía verde'. El resultado será, según Silvia Ribeiro del grupo ETC que monitorea e investiga este proceso, una "mayor mercantilización y privatización de la naturaleza y de los ecosistemas, integrando sus funciones (definidas como 'servicios') a los mercados financieros" (37) .
6. Por que decir no al comercio de servicios ambientales?
Los defensores de la idea del comercio de servicios ambientales afirman que es una excelente alternativa para los pueblos del bosque porque lo dejaría 'de pie' y lo preservaría. Pero hay una serie de argumentos para decir no a los servicios ambientales y al comercio de servicios ambientales:
- El comercio de servicios ambientales no pretende modificar el modelo actual de producción y consumo, que está en la base de la crisis ambiental, incluso de la destrucción gradual de los bosques del mundo. Este modelo que beneficia a una minoría de la humanidad ocurre a expensas de innumerables injusticias sociales y ambientales. Para cambiar este modelo es urgente, iniciar la transición hacia otras formas de producción y consumo, con justicia social y ambiental. Es urgente, como la red Oilwatch (Observatorio del Petróleo) viene defendiendo mundialmente, dejar el petróleo y el gas en el subsuelo.
- La mercantilización y la financierización de la naturaleza a través del comercio de servicios ambientales exige un control del territorio, una privatización para que el 'dueño' e inclusive el comprador del 'servicio' pueda controlar lo que se está 'comercializando', con la garantía de que el 'servicio ambiental' sea entregado según estipula el contrato. En la práctica, esto va en contra de las luchas por el reconocimiento y garantía de los derechos territoriales de los pueblos del bosque y/o de otros ecosistemas. Porque un contrato de servicios ambientales estipula, en todos los casos, que haya un 'dueño' del área, o sea, muchas comunidades con derechos no regulados sobre su territorio sufrirán aún más presión p ara dejar sus tierras o serán expulsadas. Y aunque consiguieran quedarse y ser beneficiadas de alguna forma, el 'comprador' del servicio ambiental tendrá el derecho a acceder al área para las debidas inspecciones y monitoreos para verificar si el servicio en cuestión se está preservando y manteniendo debidamente, violando así el derecho de las comunidades sobre sus territorios e inclusive el derecho a mantener su modo de vida.
- A pesar de que el discurso de las ONGs conservacionistas de que los pueblos del bosque se beneficiarían del comercio de servicios ambientales, en la práctica poco se beneficiarán. Por el contrario, la tendencia es que haya empobrecimiento y expulsión de los pueblos de sus territorios. La experiencia de uno de los países internacionalmente conocido por su esquema de PSA, Costa Rica, muestra, según Amigos de la Tierra Costa Rica, que no se ha reducido la pobreza en las zonas rurales y que ha consumido el 25% del presupuesto del Ministerio del Medio Ambiente. Además, la reducción de la tala constatada en el país se debe mucho más a la reducción de la rentabilidad de la cría de ganado que al programa PSA (38).
- Los conocimientos tradicionales no pueden tratarse como servicios ambientales y ser comercializados. Ya existe una reglamentación propia a nivel internacional: el Protocolo de Nagoya de la Convención por la Diversidad Biológica (CDB) (39).
- El 'servicio ambiental' de bosques más 'comercializado' hasta el momento es el carbono. La experiencia con este servicio ambiental a través del 'mercado de carbono' muestra que se trata de una solución falsa a la crisis climática, y que, por si fuera poco, causa la violación de derechos de pueblos indígenas y no indígenas, tanto en el Sur como en el entorno de las empresas contaminadoras en el Norte (40).
- La expansión y la adopción global del pago por y comercio de servicios ambientales profundiza el proceso de mercantilización y financierización de la naturaleza.
- El PSA, con un discurso de preservación, tiende a profundizar la explotación de las riquezas naturales y la consecuente degradación ambiental, que sería 'compensada' con la generación de servicios ambientales comerciables en el área preservada. Y aunque parezca increíble, cuanto más escaso es el 'servicio ambiental', mayor tiende a ser el precio y el lucro.
- La financierización de la naturaleza que permite 'vender' y lucrar con 'activos' y 'certificados' de servicios ambientales es ilegal e inmoral porque se basa en la idea inventada de que la naturaleza estaría 'prestando servicios ambientales'. Lo que no se inventa es la importancia del bosque para innumerables pueblos, por ejemplo, la diversidad de animales, de plantas, el agua, la regulación del clima, la fertilidad del suelo para plantar alimentos, etc. La importancia que esto tiene es imposible de ser asginada un precio.
- El hecho de medir, monitorear y asignar un precio a los servicios ambientales y hacer las transacciones comerciales resultantes involucra conocimiento específico y la tendencia es de que bancos, empresas y corporaciones privadas se apoderen y lucren con el comercio de servicios ambientales, sin que las comunidades tengan conocimiento de los contratos y de los negocios. Un gran incentivo para esos grupos es que, debido a la crisis económico-financiera, ya están buscando nuevas formas de obtener lucros, preferiblemente, 'sin hacer nada'.
- La lógica y el funcionamiento de los servicios ambientales han sido pensados por científicos provenientes de la cultura occidental, que continúan fragmentando y separando al ser humano de la naturaleza, en relación a los beneficios de esos 'servicios' sobre todo para la vida humana. Sin embargo, los pueblos del bosque tienen visiones y experiencias de convivencia e integración con la naturaleza que garantizan el bien estar de ambos, muy diferentes; así surgen otras visiones sobre la naturaleza, como el 'buen vivir', los derechos de la Madre- Naturaleza y su no-mercantilización y no-financierización. Al ponerles un precio como forma de valorar los servicios ambientales, son descartadas otras formas, otros lenguajes, principalmente de los pueblos del bosque, de valorizar y conservar la naturaleza.
- El comercio de servicios ambientales tiende a ser un estímulo más para la expansión de las plantaciones de monocultivos de árboles, consideradas 'bosques plantados' por la FAO y otras instituciones internacionales y gobiernos nacionales.
7. ¿Caminos a seguir?
El capital especulativo y los actores interesados como bancos, consultores, grandes empresas, fondos de inversión, así como otros actores aliados como ONGs y, frecuentemente, nuestros propios gobiernos pretenden con el comercio de servicios ambientales apoderarse de los territorios de los pueblos para 'vender' y lucrar. Así, la lucha por los derechos de los pueblos de los bosques que dependen de ellos tiende a tornarse más compleja y difícil.
¿Cómo continuar esa lucha? A continuación, algunas posibles orientaciones:
- Muchas comunidades que viven en bosques, sean campesinas, tradicionales o indígenas, comparten la preocupación sobre cómo conservar esas áreas, principalmente cuando las mismas se tornan más escasas y la necesidad por tierras aumenta. Muchas veces, exigen, en una demanda justa, el apoyo del Estado para garantizar su conservación.
Las informaciones recogidas en este artículo alertan a que las comunidades, en vez de entrar en esquemas como el PSA y el comercio de servicios ambientales, reúnan todas las informaciones sobre qué es y qué representa la idea de servicios ambientales y su comercio, promoviendo debates con toda la comunidad. El presente texto tiene exactamente la finalidad de alimentar esos debates.
Y si los gobiernos gastan recursos públicos para ayudar a grandes empresas y bancos, el mismo dinero puede ser aplicado también en políticas públicas para ayudar a las comunidades que buscan conservar y recuperar sus áreas forestales, sin necesidad de transformar esas acciones en mecanismos perversos como el comercio de servicios ambientales, lo que profundiza el proceso de mercantilización y financierizacion de la naturaleza.
- Una característica común del comercio de servicios ambientales y del 'mercado de carbono' es la falta de transparencia sobre este tipo de mecanismo. Es de suma importancia exigir, en su país, informaciones a las autoridades, a los parlamentarios, sobre la reglamentación ya aprobada y la que está siendo discutida sobre este tipo de actividad. En países donde la legislación sobre el comercio de servicios ambientales está elaborándose rápidamente, como en Brasil, hay claras contradicciones con la constitución del país, por ejemplo, cuando los proyectos de ley proponen la privatización de algo fundamental y de libre acceso para toda la población. Por ejemplo, en el estado de Acre, entidades de la sociedad civil están pidiendo al Ministerio Público Federal que inicie una acción de inconstitucio nalidad contra la Ley Estadual 2.308/2010 que instituye el Sistema de Incentivos al Servicio Ambiental del estado.
- La agricultura campesina en casi todos los países del Sur sufre la falta de apoyo, de políticas públicas, para mantenerse y fortalecerse. Ese tipo de agricultura, practicada incluso en áreas de bosques sin que haya sido una amenaza a la continuidad del bosque ha posibilitado una convivencia y una interacción con el mismo. La idea del comercio de servicios ambientales descarta esa convivencia. Más apoyo en forma de políticas públicas para ese tipo de agricultura fortalecería la seguridad y la soberanía alimentaria de esas poblaciones y de las regiones en las que están viviendo. Además, la agricultura campesina ya contribuye, como la Vía Campesina ha divulgado, con el 'enfriamiento' del planeta. Los Estados, en vez de conceder apoyo a las comunidades campesinas, a menudo financian y facilitan la introducción del comerci o de servicios ambientales. Significa gastar dinero público y, a veces, asumir nuevas deudas financieras con instituciones internacionales como el Banco Mundial, cuando estas ofrecen 'incentivos' para ese nuevo tipo de 'comercio'. La carga nuevamente es para el pueblo.
- La mercantilizacion y la financierizacion de la naturaleza señalan la importancia de construir alianzas más amplias entre quienes combaten el sistema financiero internacional, otras que luchan contra la privatización de la naturaleza, y aún otras que luchan diariamente por sus territorios y ecosistemas.
- Una alianza amplia y fuerte contraria a la 'economía verde' está siendo propuesta a través de la convocatoria camino a Rio+20 (41). Busca concretar una agenda en conjunto con organizaciones y redes no gubernamentales y movimientos sociales, incluyendo acciones de solidaridad a comunidades impactadas por empresas que se apoderan de sus territorios y los degradan, como es el caso de la CSA en Rio de Janeiro, de propiedad de las multinacionales Vale y Thyssenkrup, o contaminan el mar y afectan a pescadores como la petrolera Petrobras. La agenda conjunta prevé también la realización de la Asamblea de los Pueblos Afectados por proyectos privatizadores y degradantes en la víspera de Rio+20.
- Es necesario continuar con más fuerza la lucha para que las comunidades que conservan los bosques tropicales y dependen de ellos puedan tener el derecho y el control sobre esos espacios. Significa luchar por el reconocimiento de los derechos de esos pueblos sobre sus territorios- algo aún inexistente o insuficientemente garantizado en muchos países de Latinoamérica, África y Asia. En países donde ya hubo muchos avances como en Brasil, la tendencia es de retroceso en los derechos indígenas y en los derechos de otros pueblos tradicionales, mientras crecen sin cesar los esfuerzos para crear un 'mercado global en servicios ambientales'.
- Precisamos continuar la resistencia y la denuncia del capital financiero y sus actividades especulativas. A pesar de la crisis que afecta principalmente a las mayores economías del mundo, casi todos los países y sobretodo sus gobiernos continúan defendiendo el sistema e involucrados en él. Sin embargo, aumentan, en todo el mundo, las críticas y las movilizaciones que claman por cambios profundos especialmente en relación a la financierizacion cada vez mayor de la economía, y también de la naturaleza, con una creciente ola de privatización de todo lo que aún es público. Por eso, es necesario continuar luchando contra la expansión de esa lógica del capital especulativo para que no se apodere de áreas fundamentales para el futuro de la humanidad, inclusive de los bosques tropicales.
Corresponde que todos denunciemos cada vez más las perversidades y contradicciones de esa lógica y sus impactos concretos en los territorios. Precisamos apoyar y fortalecer la resistencia de los pueblos para que, en primer lugar, les sea asegurado el derecho sobre sus territorios y para que se revierta el proceso de privatización de la naturaleza, también en el futuro, garantizando el libre acceso a las poblaciones que siempre la cuidaron e hicieron usufructo de ella.
Como dijo la habitante del Congo en este artículo: "…somos felices con nuestro bosque, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos". Y eso no tiene precio. www.ecoportal.net
Boletín mensual del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM)
Número 175 - Febrero 2012 - http://www.wrm.org.uy
Referencias:
1 - Se trata de una conferencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) con participación de los países miembros y sus lideres y que tratará del desarrollo sostenible; tendrá lugar exactamente 20 años después de la conferencia sobre el mismo tema en Rio de Janeiro en 1992
2 - Por mercantilización de la naturaleza, entendemos el proceso de realizar transacciones comerciales y negocios con los 'bienes' de la naturaleza, sea por la extracción de elementos concretos, como la madera, o el embotellamiento de agua mineral; sea por la comercialización de componentes más abstractos de la naturaleza, como la biodiversidad, la fertilidad del suelo, el carbono, la belleza del paisaje, el refugio de un bosque para las especies, etc.
3 - Por financierización de la naturaleza, referimos al proceso por el cual el capital especulativo se apodera de 'bienes' y componentes de la naturaleza, comercializándolos a través de certificados, de títulos, de activos, etc., buscando, con la especulación financiera, la obtención del mayor lucro posible.
4 - Daily, G, 1997. Introduction: What Are Ecosystem Services? en Daily, G. (edt), Nature's Services. Societal Dependence on Natural Ecosystems, Island Press, Washington DC. Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona
5 - de Groot, R., 1994. Environmental functions and the economic value of natural ecosystems. En: A.M. Jansson, (Editor), Investing in Natural Capital: The Ecological Economics Approach to Sustainability, Island Press, pp. 151–168.; de Groot, R., M. Wilson, R. Boumans, 2002. A typology for the classification, description and valuation of ecosystem functions, goods and services, Ecological Economics, 41, 393-408. Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona
6 - WRM, "Bosques. Mucho más que una gran cantidad de árboles". Video, www.wrm.org.uy, 2011
7 - Sullivan, Sian, "Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider". En 'Upsetting the Offset', Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272
8 - Ibid.
9 - www.iucn.org/about/
10 - Fairlie, Simone et al, "Reclaiming the Commons", The Cornherhouse, http://www.thecornerhouse.org.uk/resource/reclaiming-commons, 1995
11 - Carcanholo, Reinaldo A. e Paulo Nakatani, 'Capitalismo Especulativo e Alternativas para América Latina', http://www.rosa-blindada.info/b2-img/Klismoealternativas.pdf
12 - Tricarico, Antônio, "The 'financial enclosure' of the commons", http://www.un-ngls.org/gsp/docs/Financialisation_natural_resources_draft_2.pdf, 2011.
13 - Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona.
14 - El informe de este estudio trata la naturaleza en términos del lenguaje de los 'servicios ambientales', dividiéndolos en 'proveedor de servicios' (alimento, agua, madera, fibra, etc.), 'regulador de servicios' (inundaciones, secas, degradación de tierras y enfermedades), 'apoyando servicios' (como formación de suelos y mantener el ciclo de nutrientes) y 'servicios no-materiales culturales' (para recreación, espiritual, religioso, etc.). La propuesta es cuantificar financieramente los servicios cada vez más escasos, lo que ayudaría a mantenerlos. Al mismo tiempo, creando nuevos 'bienes' comerciables, el crecimiento económico estaría siendo incentivado.
15 - Terra de Direitos, Pagamento por "Serviços Ambientais" e Flexibilização do Código Florestal para um capitalismo "Verde", www.terradedireitos.org.br, agosto de 2011
16 - Iniciativa fomentada por líderes mundiales y grandes empresas capitalistas que llevó, hace más de 10 años, a la organización del Foro Social Mundial, como contrapunto anti-capitalista.
17 - Riberio, Silvia, 'As novas fronteiras da mercantilização da natureza'. En: Le Monde Diplomatique Brasil, Año 5, Nr. 53, Diciembre 2011
18 - http://es.wikipedia.org/wiki/Costo_de_oportunidad
19 - WRM, "From REDD to HEDD", www.wrm.org.uy
20 - Kill, Jutta et al, "Carbon Trading: how it functions and why it is controversial", FERN, http://www.fern.org/sites/fern.org/files/tradingcarbon_internet_FINAL.pdf, 2010
21 - www.wrm.org.uy. Ver sección sobre REDD
22 - http://noredd.makenoise.org/wp-content/uploads/2011/09/NOREDD-letter_21sept.pdf
23 - Singh, Supriah. Payments for Ecosystem Services (PES) in India from the bottom-up. Publicado en Down to Earth, CSEs fortnightly online magazine.
24 - Es importante recordar que las empresas que ofrecen servicios ambientales contabilizan también algo que los economistas llaman 'costos de transacción', que son los costos necesarios para 'medir' si los servicios que están siendo 'comercializados' de hecho están siendo preservados y por lo tanto si se pueden 'entregar'. En el caso del servicio ambiental de carbono, se le da el nombre de Monitoreo, Verificación y Evaluación a esos costos y los mismos tienden a ser altos y a involucrar técnicos y tecnologías especializadas.
25 - Sullivan, Sian, "Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider". En 'Upsetting the Offset', Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272
26 - Ibid
27 - http://radarrio20.org.br/index.php?r=site/view&id=229995
28 - Griffiths, Tom. "Seeing 'REDD'? : Forests, climate change mitigation and the rights of indigenous peoples and local communities", version actualizada, mayo de 2009. Forest Peoples Programme
29 - Sullivan, Sian, "Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider". En 'Upsetting the Offset', Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272
30 - Tricarico, Antônio, "The 'financial enclosure' of the commons", http://www.un-ngls.org/gsp/docs/Financialisation_natural_resources_draft_2.pdf, 2011.
31 - http://www.accionecologica.org/servicios-ambientes/documentos....
32 - Governo de Acre, "Sistema de Incentivo a Serviços Ambientais", http://www.ac.gov.br/wps/wcm/connect/fc02fb0047d01....
33 - http://www.wrm.org.uy/countries/Brazil/LetterPlantarCDM.pdf
34 - See publication "carbon sink plantations in the Ecuadorian Andes", www.wrm.org.uy
35 - Karumbidza, Blessing and Wally Menne, "CDM carbon sink plantations in Africa: a case study in Tanzania", Timberwatch, 2010
36 - Bauhus, Jürgen, et al. Ecosystem Goods and Services from Plantation Forests. CIFOR, 2010
37 - Ribeiro, Silva: 'As novas fronteiras da mercantilização da natureza', em Le Monde Diplomatique Brasil, Año 5, nr. 53, diciembre de 2011
38 - Amigos de la Tierra Internacional. REDD: la verdad en blanco y negro. 2010
39 - Terra de Direitos, Pagamento por "Serviços Ambientais" e Flexibilização do Código Florestal para um capitalismo "Verde", www.terradedireitos.org.br, agosto de 2011
40 - Ver www.wrm.org.uy. Informaciones sobre los temas REDD, Carbon Trade and Carbon Plantations
41 - http://www.wrm.org.uy/RIO+20/Nos_movilizamos.html


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